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¿Cómo se gastan las remesas en El Salvador?

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No hay una razón clara para explicar por qué los salvadoreños recibieron más remesas en 2021, pero si en algo coinciden los expertos es que esto se debe a los altos flujos migratorios reportados en los últimos años.

Desde 2011 hasta 2021, el monto de remesas recibidos en El Salvador se duplicó hasta llegar a los 7.521 millones de dólares el año pasado, una cifra histórica, que indica, además, un crecimiento del 27 % en comparación con 2020.

Estela tiene 25 años, César 27. Ella vive en Colón, un municipio de El Salvador que hasta hace unos años era uno de los más violentos del país centroamericano. César llegó a Nueva York hace ocho meses.

El primer dinero que César envía hacia El Salvador es para pagar la deuda de 14.000 dólares que adquirió con el coyote que lo llevó hacia la frontera sur de Estados Unidos. Luego envía cada mes entre 250 y 300 dólares a Estela para los gastos familiares.

“Para pasar a Estados Unidos tienes que contratar un coyote (traficante de personas). Entonces, cuando ya llegas allá lo primero que tienes que hacer es trabajar para pagar tu deuda”, relató bajo condición de anonimato.

En El Salvador, el salario mínimo en el área comercial es de unos 11 dólares diarios. En Guatemala 12 dólares en Honduras igual. Que Estela reciba un promedio de 300 dólares mensuales en remesas es como si trabajara por el salario mínimo en cualquiera de estos países; la realidad seguiría siendo la misma.

Pero la ventaja de Estela es que habla inglés intermedio y esto le ha permitido trabajar en un centro de llamadas por el que recibe 500 dólares cada mes, es decir, unos 16 diarios.

“Los países y sus gobiernos pobres, de orígenes de la migración, deben generar políticas de salarios permanentes; salarios dignos que logren aliviar la pobreza. (…) Los salarios existentes en nuestros países no logran romper el ciclo de la pobreza que de una manera estructural todavía sigue existiendo en El Salvador”, explicó César Ríos, director del Instituto Salvadoreño del Migrante.

Estela utiliza el dinero de las remesas para la alimentación y la recreación suya y de su hijo de cinco años. El salario que recibe como empleada le sirve para el pago de la renta y los servicios básicos como energía eléctrica y agua.

La encuesta anual de “Hogares y Propósitos Múltiples” en El Salvador, hecha por el Ministerio de Economía reveló en 2019 que el 82,5 % de los salvadoreños gasta sus remesas en consumo (comida, vivienda), el 4,7 % en gastos médicos, el 4.5 % en educación y el 3,2 % en fondos de ahorro.

Desde 2019, El Salvador no ha hecho una medición tan detallada de las remesas y su uso. La pandemia dificultó la recolección de más datos desde entonces.

Expulsiones de salvadoreños desde la frontera se quintuplicaron

Un indicador de los flujos migratorios desde El Salvador hacia Estados Unidos, país que envía el 90 % de las remesas que recibe El Salvador, es el número de detenciones o expulsiones hechos por la patrulla fronteriza estadounidense.

Entre 2020 y 2021, el número de migrantes salvadoreños detenidos y expulsados desde la frontera sur de Estados Unidos se quintuplicó. En el año fiscal 2022 ya fueron detenidos 34.128 salvadoreños.

César fue parte de las estadísticas de 2020, pero dos meses después, en que fue expulsado de México, volvió a intentar el cruce hacia Estados Unidos.

El discurso pro derechos del migrante promovido por el nuevo Gobierno en Estados Unidos sonó fuerte del lado centroamericano. César emprendió su viaje y cuando entró a Estados Unidos encontró lo que añoraba en su país: empleo.

“El rol de la población extranjera en Estados Unidos ha sido altamente positivo y beneficioso. El último capítulo de esta historia larga de contribuciones ha sido el rol que han jugado trabajadores inmigrantes en el marco de la pandemia, donde muchas de las ocupaciones clave que ellos tuvieron fueron denominadas ‘funciones esenciales”, dijo Oscar Chacón, director ejecutivo de Alianza Américas.

En El Salvador viven casi siete millones de personas. De esas, 1.5 millones reciben remesas.

“La vida de nosotros (ahora que él está en Estados Unidos) puede mejorar con el tiempo. No quiere decir que porque ya esté ahí tenga todo o mucho dinero, porque también tiene que pagar renta y comida allá. Sí puedo decir que es mejor ahora, pero tampoco estamos en excelentes condiciones”, explicó Estela.

Fuente: VOA 

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