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¿A la deriva, presidente?

19 mayo, 2017 Adrian Zapata

La discusión debe ser sobre cómo apoyar al presidente para que prevalezca la gobernabilidad democrática y este barco tenga rumbo propio.

El otro día, una amiga me decía que lo preocupante en la situación actual del país no es el rumbo que lleva. Lo alarmante es que parece no tener rumbo alguno, como un barco a la deriva, aunque esté en aguas profundas o de poca hondura, calmas o borrascosas, en medio de la obscuridad o contando con brillante sol. Comparto la idea que el buque no tiene motor propio, ni timón que le dé dirección a la nave.

La imagen es sugerente, pero incompleta, ya que la embarcación se mueve, solo que impulsada por condiciones exógenas, por los vientos que vienen del norte, fijando una dirección que no es mala por sí misma, pero que carece de algún nivel importante de decisión nacional.

Los comentarios que suelo escuchar en diferentes ámbitos sobre el presidente Jimmy Morales, timón ausente, son casi todos negativos. Cuesta encontrar opiniones, en privado o en público, que valoren su gestión. La especulación prevalece hasta el punto que muchos aseguran que es solo cuestión de tiempo su dimisión, no porque haya una fuerza social o política que lo derroque, sino simplemente porque terminará por no soportar las responsabilidades que no puede cumplir.

Y para el colmo de su infortunio, tiene un copiloto que no quiere acompañarlo en su desdicha y que más bien establece distancia política con el vacío de conducción. El vicepresidente Jafeth Cabrera parece no estar dispuesto a ser solidariamente responsable con esa gestión presidencial, máxime tomando en cuenta la posibilidad de ser la otra opción en la eventual sustitución.

Sin embargo, varios reconocen los esfuerzos que algunos ministros realizan desde sus respectivas carteras, pero siendo músicos de una orquesta sin dirección que integre su actuación en una armoniosa sinfonía. Todo eso se dice y parece ser cierto.

La “plaza”, funcional a los intereses imperiales de sanear este Estado, propósito muy importante para esos intereses geopolíticos, terminó por abrir el camino a una opción electoral cuyo atractivo fue precisamente su inexperiencia política, su propuesta primitiva de no ser ni corrupto ni ladrón, el vacío de propuesta programática y la ausencia de equipo para gobernar.

Luego, ya en el ejercicio de su función, el presidente Morales se ha quedado sin entorno de confianza que lo sustente. Sus cercanos han sido desarticulados mediante la persecución criminal. Su entorno personal, sin duda, se debe haber tambaleado ante la acción penal en contra de sus seres queridos más cercanos. Sus exabruptos son patéticos, cuando pretende improvisar sin darse cuenta de que ya no es el actor quien habla, sino el primer mandatario del país. Sus precipitaciones son tan básicas, como pedirle la renuncia a un ministro mediante un mensaje por WhatsApp o pedirles a los empresarios que, por arte de magia, creen la cantidad de empleos que a él se le ocurrió fijar subjetivamente.

Las cosas ya no pueden seguir así. Urge contribuir a que el presidente comprenda a cabalidad la magnitud de lo que ha asumido. Que entienda que aún tiene la oportunidad de darle rumbo consciente a un barco a la deriva. Jimmy Morales debe construir equipo para superar la ausencia de timón y poder navegar utilizando vientos favorables, pero impulsando intereses nacionales.

La especulación que hemos hecho sobre el futuro del presidente Morales, debe dar lugar a la discusión sobre cómo apoyarlo para que prevalezca la gobernabilidad democrática y este barco a la deriva tenga rumbo propio.

Si no logramos este propósito, la ingobernabilidad puede ser el futuro próximo, máxime considerando que el Legislativo no está en condiciones de ser pivote de equilibrio político.

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