ACTUALIDAD

Alternativas al Hogar Seguro

16 marzo, 2017 Carroll Rios

Lloramos la muerte y el sufrimiento en vida de las 40 jóvenes fallecidas en el incendio acaecido el 8 de marzo en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción. ¿Qué hacemos ahora?

En columnas y en las redes sociales circulan ideas de las cuales se desprenden rutas de acción erradas. Mientras el fuego aún ardía, algunas personas preguntaron: “¿A quién le importan esas niñas?”. Sonó como un regaño dirigido, no a los familiares de las víctimas, ni a las autoridades que administran el hogar, sino a “la sociedad”. El reclamo denota un afán por identificar culpables entre los ciudadanos indiferentes o ingenuos y los que corren una mejor fortuna. Es fácil acusar a personas inocentes y exigir la renuncia del presidente para cosechar réditos políticos de este río revuelto. Pero los responsables directos de convertir el Hogar Seguro en un infierno no son el “pueblo” ni el presidente de turno.

Creo que debemos volver la vista atrás, hacia los legisladores que aprobaron la Ley de Adopciones (2007) y otras leyes relativas a la juventud guatemalteca, así como hacia aquellas autoridades que decidieron mezclar a jóvenes removidos por el gobierno de hogares violentos, con jóvenes que habían cometido delitos. ¡Sí, nos importan ambos grupos de jóvenes! La generosidad del pueblo guatemalteco se patentizó en las colectas de víveres, colchones, mantas y medicinas. Antes del incendio, muchos bienhechores visitamos el hogar, superando las burocráticas trabas, llevando piñatas, magdalenas y pizzas, luciendo sonrisas y organizando dinámicas. ¿Fue o es efectiva nuestra ayuda? Mi visita en el 2014 me hizo sentir impotente: compartir unas horas con las jóvenes adolescentes no les cambiaría la vida significativamente.

Debido a las reglas vigentes, las familias extendidas no pueden voluntariamente llenar los vacíos dejados por padres negligentes o abusivos. Las organizaciones no lucrativas y las iglesias no pueden montar y administrar hogares para niños abandonados, huérfanos o maltratados. Miles de niños han perdido la oportunidad de convertirse en hijos adoptivos en el extranjero. Cuando el Gobierno se arrogó el monopolio de la atención a los menores, cuando se proclamó como el único Buen Samaritano, la ciudadanía dejó de realizar las labores subsidiarias que había asumido históricamente. Muchas buenas almas volverían a cuidar de los niños desamparados si las leyes se los facilitaran y harían un mejor trabajo.

Ofende fuertemente la idea según la cual, el incendio se produjo porque en Guatemala es ilegal abortar. Equivale a decir que las víctimas nunca debieron vivir, y que sería mejor matar en el útero a todos aquellos niños que tienen probabilidad de ser problemáticos, delincuentes, drogadictos o “indeseados”. ¿Quién sabe lo suficiente como para tomar decisiones eugenésicas con certeza? ¿Las autoridades usarían parámetros de edad de la madre, la pobreza o la etnia para forzar el aborto del futuro problema? Sufren mucho quienes nacen en hogares disfuncionales, desintegrados o violentos, pero no pocos logran superarse y ser miembros productivos de la sociedad. Abraham Lincoln y Beethoven fueron maltratados por su padre; como estos famosos, hay miles de anónimos guatemaltecos que ahora son personas de bien.

Los bebés merecen nacer en el seno de un hogar integrado por un padre y una madre que les aman. Los padres somos los primeros educadores de nuestros hijos; el amor y el respeto que les brindamos no dependen del tamaño de nuestro bolsillo. Traer hijos al mundo es un gigantesco reto para cualquiera y por eso conviene hacerlo responsablemente. Todos nos beneficiamos al recibir una buena orientación, desde antes de empezar un noviazgo y formar un nuevo hogar. La tarea pendiente es revalorizar y fortalecer a la familia y paulatinamente erradicar el machismo, las violaciones, el incesto y la prostitución, entre otros males.

Comentarios

comentarios



RELACIONADOS