ACTUALIDAD

¿Amigos?

1 julio, 2017 Carroll Rios

El arte de la diplomacia es servir los intereses del propio país al tiempo que se respetan la cultura y los intereses del país anfitrión.

Idealmente, los intereses de los países se alinean; conviene a cualquiera que su vecino sea cada vez más próspero y pujante. Las relaciones directas entre ciudadanos de uno y otro país construyen millares de telarañas de amistad que ahuyentan la agresión, incluso frente a evidentes asimetrías.

En balance, los guatemaltecos mantienen relaciones amistosas con los estadounidenses, no obstante históricas intervenciones asociadas con la “diplomacia de la cañonera”. La mayoría de latinoamericanos tenemos una opinión favorable de Estados Unidos y de su sistema republicano-democrático, muestra un estudio del Centro de Investigaciones Pew (2013). Para el 2015, la nacionalidad guatemalteca encabezaba la lista de indocumentados centroamericanos en Estados Unidos. El 99 por ciento de nuestros migrantes eligen vivir en Estados Unidos y más de 6 mil 400 estadounidenses residen en Guatemala. El sexto grupo más nutrido de latinos estadounidenses, lo forman  los guatemaltecos. Arriba de un tercio de nuestras exportaciones van al mercado estadounidense. En suma: el contacto entre nuestros pueblos es considerable.

La clase política no siempre replica la buena voluntad entre las personas. Una somera lectura de las noticias revela que la Embajada de Estados Unidos ha generado tensiones entre los guatemaltecos en tres niveles: 1) funcionarios estadounidenses nos consideran una potencial amenaza a su seguridad nacional, 2) transgreden los tradicionales límites para la injerencia diplomática, y 3) agendas partidarias o sectoriales ofenden a las mayorías en nuestra sociedad.

Estados Unidos asocia al Triángulo Norte de Centroamérica con inseguridad y violencia. Las causas principales, según funcionarios del Departamento de Estado, son: el narcotráfico, el crimen organizado, las maras y los flujos migratorios. Todos, fenómenos interconectados. Piensan, además, que la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) es la institución indicada para reformar al Estado. Si fracasa, sostienen, Guatemala se convertirá en un narcoestado. A esta interpretación hemos de sumar la cantaleta izquierdista según la cual, nuestros gobiernos militares, con complicidad del gobierno estadounidense, perpetraron un genocidio que sigue impune. Muchos diplomáticos estadounidenses comparten esta visión socialista o sienten culpa.

De allí que la política exterior hacia Guatemala enfatice en la intensificación de la lucha contra la migración y la guerra contra las drogas, y la promoción del socialismo leve o radical, con todo y una reforma agraria y la redistribución coercitiva del ingreso. Quizás hasta achaquen a ignorancia o malicia nuestra reticencia frente a los nocivos efectos de estas medidas.

Un cambio en las prioridades diplomáticas hacia Guatemala, cosecharía mejores resultados y limaría las asperezas evidentes hoy. El crecimiento económico y la defensa de la libertad personal y la propiedad privada, deberían convertirse en metas preeminentes. Las economías sanas generan empleos en áreas distintas al cultivo o trasiego de drogas y demás actividades ilícitas, y además, reducen el flujo migratorio. La titulación de la propiedad y su adecuada defensa, permite el acceso a círculos de intercambio locales y mundiales.

Constituye un antídoto a la pobreza y la desigualdad, y acarrea estabilidad social y política. Bastaron tres décadas para poner en evidencia los elevados costos de la fracasada guerra que libra Estados Unidos contra las drogas; urge buscar soluciones que efectivamente reduzcan la criminalidad en la región. Ambos países ganaríamos de mirar adelante y alinear constructivamente los fines políticos y económicos,  privados y públicos.

Comentarios

comentarios



RELACIONADOS