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#APOYOAIVAN

16 febrero, 2017 Estuardo Porras Zadik

Temido por un selecto grupo de guatemaltecos y admirado por la gran mayoría, Iván Velásquez se convierte en el paladín de la justicia y es el parteaguas entre la apariencia y la realidad.

Es con la llegada de Velásquez, que un sistema concebido para servir de manera sistemática a una corrupta minoría se logra fisurar y se pone en marcha una cruzada inédita en contra de la corrupción y la impunidad.
El Gobierno de Guatemala frma un acuerdo con Naciones Unidas para establecer un órgano independiente de carácter internacional, cuya finalidad es apoyar al Ministerio Publico (MP), a la Policía Nacional Civil (PNC) y a otras instituciones del Estado, tanto en la investigación de los delitos cometidos por grupos clandestinos, paralelos y fácticos, como en general en las acciones que aporten al desmantelamiento de estos grupos.

Esto mediante el apoyo a la investigación y persecución penal, así como mediante otras acciones dentro de su mandato, destinadas a fortalecer a las instituciones del sector justicia, para que continúen enfrentando a estos grupos ilegales en el futuro.

La Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) nace por medio de un acuerdo, el cual tras la opinión consultiva de la Corte de Constitucionalidad fue aprobado por el Congreso de la República de Guatemala.

Algunos jamás pensaron que habría alguien que se animara a cumplir a cabalidad con su mandato. Después de varios intentos, resulta ser que esta persona es el comisionado Iván Velásquez.

En los últimos días he tenido que enfrentar la terrible noticia de que un ser muy cercano y querido padece de cáncer. Una enfermedad aterradora, que en muchas ocasiones trabaja de manera silenciosa, sin demostrar mayor sintomatología lo que hace mucho más difícil su detección y por ende, más complicada su posible erradicación.

Al momento de ser abordado con la noticia, al tener que esperar ansioso durante el proceso de diagnóstico y ser forzado a escoger dentro de las opciones de protocolos para combatir esta enfermedad, se me hizo imposible no encontrar la similitud con la problemática que se vive hoy en Guatemala.

Esta enfermedad ha desarrollado metástasis en todos y cada uno de los sectores de la sociedad guatemalteca y, para combatirla, se debe de escoger un protocolo capaz de eliminar por completo el mal, sin dejar trazas en el sistema.

Ni en el caso de mi ser querido ni en el caso de Guatemala se encontraba encapsulado el cáncer, permitiendo una simple extracción quirúrgica del área afectada.

En ambos casos, “el sistema” en general requiere ser bombardeado usando el protocolo adecuado, produciendo daños colaterales en el proceso, los que generarán síntomas nunca antes experimentados que cambiarán por completo al paciente.

En el caso de Guatemala, no es la quimioterapia sino la justicia con la que se combate este mal y los síntomas de pánico que se experimentan durante el proceso, los que hacen que algunos prefieran vivir con el cáncer en vez de combatirlo.

La realidad es que esto apenas empieza. El combate por parte de algunos individuos y de algunos sectores en contra de la labor de Iván Velásquez al frente de la CICIG, no es más que una garantía de su amplio conocimiento del alcance de las investigaciones, de su participación e involucramiento y de las consecuencias de que la justicia llegue a ser aplicada de manera horizontal.

Esta no es una cruzada ideológica. No permitamos que se manipule nuestro criterio con movimientos ideológicos que emplean las mismas tácticas del pasado, que solo buscan polarizar aún más nuestra sociedad.

Lo correcto no es un tema de ideología. Permitamos que Velásquez continúe esta ardua labor y asumamos con responsabilidad las consecuencias, independientemente del sector al que pertenezcamos, ya que todos serán afectados. Esto apenas empieza…

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