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Apuntes acerca del tipo de cambio

2 junio, 2017 UFM Markets Trends

Escrito por Daniel Fernández, Investigador de UFM Market Trends.

Existe en Guatemala una presión creciente para intervenir el precio del dólar. ¿Es la devaluación la mejor medida para el país?

¿En qué se basa la teoría de los devaluacionistas?

La idea básica es aumentar la competitividad del sector exportador vía disminución de salarios en términos de moneda extranjera. Es decir, el sector exportador tiene un “pie” en dólares y otro, en quetzales. Cobra en dólares y paga en quetzales. Si los exportadores consiguieran hacer la suficiente presión a las instancias públicas para depreciar al quetzal, entonces significaría que, de facto, los sueldos que pagan, disminuirían también. Nótese la doble moral de enarbolar la bandera de la creación de empleo y engañar a los trabajadores haciéndoles creer que ganan más.

Ahora bien, existe un tipo de cambio nominal (el que se pretende depreciar) y un tipo de cambio real (tipo de cambio nominal modificado por precios internos vs. precios externos). Para que la teoría de los devaluacionistas funcione, es necesario que una vez se deprecia el tipo de cambio, la inflación no aparezca (ya que encarecería el pago de la mano de obra y los insumos denominados en quetzales).

O lo que resulta igual:  es necesario que el tipo de cambio real reaccione ante variaciones en el tipo de cambio nominal (o engañar a tus trabajadores para que trabajen por los mismos quetzales, pero con un poder adquisitivo menor).

¿Aplican los argumentos devaluacionistas para Guatemala?

Veamos el caso de Guatemala, ¿cómo varía el tipo de cambio real ante modificaciones en el nominal? ¿Realmente se gana competitividad con las caídas del valor del quetzal? La evidencia empírica para el caso guatemalteco, apoya la teoría de que a corto plazo existe una ganancia de competitividad que, sin embargo, dura muy poco tiempo (3 años).

Los datos para Guatemala nos sugieren que efectivamente, se gana competitividad en el corto plazo, pero que los aumentos de precios hacen que esa competitividad se pierda en 3 años.  Peor aún, la espiral de inflación que ayuda a desatar la depreciación, provoca que a largo plazo se pierda competitividad, vía mayor aumento de precios en el mercado interno que en el externo (vamos que la depreciación consigue justo el efecto contrario al pretendido).

Esta pérdida de competitividad a largo plazo es lo que termina provocando que los países se conviertan en “adictos” a las devaluaciones. Una modificación del tipo de cambio, como piden los devaluacionistas, conllevaría de nuevo presión para otra depreciación   en 4 o 5 años.

Desacoplar los precios nacionales de los precios internacionales se puede lograr durante un lapso (3 años para Guatemala), pero es un regalo envenenado que dura poco tiempo y que desarrolla sectores subóptimos en la economía (aquellos en los que no existe ventaja competitiva). Los sectores subóptimos crecen al calor del privilegio y, cuando el mismo se acaba, la industria vuelve a marchitarse.

Entonces, se puede establecer un paralelismo entre la ley de maquilas en Guatemala y un tipo de cambio que favorece a los exportadores:  Lo que no han conseguido las maquilas en casi 30 años (jugar con las mismas normas que el resto de empresas), no lo van a conseguir el resto de exportadores en 3 años.

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