ACTUALIDAD

¿Arte revolucionario?

20 de octubre
11 mayo, 2017 Vanessa Nunez

¿Quién dijo que todo arte, para ser tal, tiene que ser revolucionario?

El tipo al que borré de mi lista de amigos me envió un mensaje a mi inbox. Luego de insultarme, agregó: “Pedí su amistad en Facebook porque pensé que por ser artista usted era también revolucionaria. Pero veo que no. ¡Hasta nunca!”.

Fue esta frase la que me dejó pensando que, por increíble que parezca, aún existen quienes creen que todo artista debe ser político e incluso revolucionario, de la forma en que dicho término se comprende en Centroamérica.

Y es que el arte ha tenido a lo largo de la historia de la humanidad, diversas funciones. Desde la mágico-religiosa, pasando por la educativa, militar y divulgativa, hasta la ideológica.

Así, el arte primitivo, por ejemplo, tenía como función la representación de animales muertos, lo cual buscaba motivar y vaticinar la buena suerte de los cazadores, cuyo oficio era fundamental para la supervivencia de la tribu.

El arte egipcio encontrado en las pirámides, por su parte, buscaba representar el poder de la monarquía de turno.

Es ya durante el período clásico en que el arte en Grecia y Roma adquiere una función estética y no únicamente práctica, en la que el ideal de belleza juega un papel central. Ideal que luego sería imitado a lo largo de toda la historia del arte.

Fue en la Edad Media cuando la Iglesia católica buscó, mediante el arte, ejercer el control ideológico y educativo, adquiriendo este una función meramente práctica.

Sin embargo, en el Renacimiento, el arte da el paso de la función práctica a la función estética. La búsqueda de la perfección y la belleza se convierten en el objetivo y los artistas ganan libertad. Su estilo, por otro lado, comienza a cotizarse entre las clases burguesas.

No obstante, dado que luego de la Revolución francesa la Ilustración pretende dar explicaciones lógicas a diversos fenómenos, la función del arte pasa a ser ideológica, comunicativa y estética.

La estética idealista, impulsada por Immanuel Kant, daría como resultado el individualismo en las artes e implicaría la libertad artística (paralela a la libertad de expresión), que resumiría en la expresión latina “ars gratia artis”, más comúnmente traducida como “el arte por el arte”. Es decir, el arte puro o arte desinteresado, que haría de la obra algo esencialmente distinto a su utilidad cotidiana.

No obstante, el concepto moderno del arte trajo consigo la gran ruptura, otorgándole una función práctica al arte, producto del triunfo de las revoluciones sociales, imponiéndose así los valores humanistas.

El arte de las vanguardias, sin embargo, fue criticado por las corrientes que creían que el arte debía estar al servicio de las causas políticas, tal como ocurrió en la Rusia de Stalin.

Esta concepción utilitaria del arte alcanzó a nuestros países centroamericanos, altamente influenciados por las posturas marxistas durante los años 70 y 80, en donde el arte fue puesto al servicio de las causas sociales e incluso, el escritor Miguel Ángel Asturias llegó a acuñar la frase famosa: “El poeta es una conciencia social”, que le acarrearía gran polémica con los jóvenes escritores que conformarían luego la Generación Comprometida.

No obstante, tras el advenimiento de los procesos de paz en el Istmo, el arte centroamericano ganó nuevos horizontes. Y el compromiso sociopolítico de antaño, aunque aún existe en muchos artistas, ha dejado de ser el objetivo principal.

Y, aunque es posible que aún no nos sea dado definir la nueva búsqueda del arte centroamericano, lo cierto es que, considerar que un artista y su obra carecen de valía únicamente porque no persiguen específicamente una causa revolucionaria, no pasa de ser una limitante desfasada.

 

Comentarios

comentarios



RELACIONADOS