Así funcionan las vacunas en tu cuerpo

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Las vacunas son herramientas muy poderosas pues, a diferencia de otros medicamentos, estas tienen el poder de prevenir enfermedades, no solo aliviarlas o curarlas.

La razón es muy sencilla: las vacunas inmunizan tu organismo de posibles enfermedades, pues contienen los mismos microorganismos que las causan, explican los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés). Y a lo largo de los años, científicos del mundo han creado vacunas para evitar el cólera, la hepatitis y hasta el ántrax.

Y ahora, el mundo se encuentra en una carrera para desarrollar una vacuna contra el nuevo coronavirus, cuyos contagios ya sobrepasaron los 20 millones de casos y las 737.000 muertes en todo el mundo. Y Rusia anunció recientemente que aprobó la que podría ser la «primera vacuna» contra la enfermedad que desató una pandemia. Aunque persisten algunas dudas sobre su eficacia.

En todo caso, numerosas compañías farmacéuticas se centran en el desarrollo de una vacuna, varias ya están en la fase 3, una etapa que involucra a miles de personas y es un paso importante para obtener una licencia por las autoridades de salud, como la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés).

¿Cómo funciona?

Cuando tienes una enfermedad, como varicela o paperas, tu cuerpo desarrolla inmunidad (aunque según los CDC, entre un 1% y 5% de los niños que son vacunados no desarrollan inmunidad, por lo que si son expuestos a dicha enfermedad podrían enfermarse de nuevo).

La vacuna «engaña» a tu cuerpo y le hace creer que tienes la enfermedad, digamos difteria, hepatitis, polio, rubeola, etc, pero en realidad no la tienes.

«[Las vacunas] Estimulan tu sistema inmune para producir anticuerpos», dicen los CDC.

El virus entra a tu cuerpo y en respuesta tu sistema inmune desarrolla anticuerpos.

El virus puede ser eliminado o debilitado para que no te enfermes cuando te ponen la vacuna, pues los anticuerpos -que son los defensores de tu sistema inmune- luchan contra ese virus introducido y permanecen en tu sistema sanguíneo en búsqueda de otras amenazas parecidas.

Entonces si se encuentran otro cuerpo extraño de la enfermedad, tendrán la capacidad de matarlo y así no desarrollarás la enfermedad contra la que te vacunaste o si te da, puedes desarrollar una versión menos fuerte de esta.

Efectos secundarios

Las vacunas son en su mayoría seguras y la mayoría de personas «no presentan efectos secundarios graves por las vacunas», según Departamento de Salud y Servicios Sociales de Estados Unidos (HHS, por sus siglas en inglés).

Sin embargo el HHS señala algunos efectos secundarios leves como dolor, hinchazón o enrojecimiento donde se aplicó la inyección -si fuera el caso-, fiebre leve, escalofríos, sensación de cansancio, dolor de cabeza, dolores musculares y articulares.

«Los efectos secundarios más comunes son una señal de que su cuerpo está comenzando a desarrollar inmunidad (protección) contra una enfermedad», dice el HHS.

Y los efectos secundarios más graves «son extremadamente raros», según el HHS, y pueden desarrollarse en 1 o 2 personas por cada millón de vacunas administradas.

Inmunidad colectiva

Existe un fenómeno que quizá hayas escuchado en medio de la pandemia por covid-19: la inmunidad colectiva, llamada también inmunidad de rebaño, que se define como el fenómeno en el que la propagación de una enfermedad infecciosa, de persona a persona, se hace muy difícil debido a que la mayoría de la población ya se volvió inmune a dicha enfermedad infecciosa. (Pero ojo, como el covid-19 es tan nuevo, nadie sabe si los anticuerpos desarrollados después de la recuperación proporcionarán inmunidad colectiva a largo plazo).

Esta inmunidad se alcanza cuando la mayoría de una población (70 a 90%) se vuelve inmune a una enfermedad infecciosa, ya sea porque se han infectado y recuperado, o por medio de la vacunación. Cuando eso sucede, es menos probable que la enfermedad se propague a personas que no son inmunes, porque simplemente no hay suficientes portadores infecciosos para alcanzarlas.

Solo hay dos formas de llegar allí: la vacunación generalizada, que para el covid-19 aún faltan muchos meses, o infecciones generalizadas que conducen a la inmunidad.

Por ejemplo, el caso del sarampión, una enfermedad altamente contagiosa: Si 90 o 95% de la población estuviera vacunada y aparece una persona con el virus, no tendría a quién infectar, porque –valga la redundancia– el 95% de la población estaría protegida por la vacuna.

Al revés, si menos del 90% de la población está protegida por la vacuna y apareciera un caso de sarampión, el virus tendría más posibilidades de infectar a otra persona y producir un brote de la enfermedad.

Pero debido a la presión proveniente de los grupos antivacuna, esta lamentable situación se ha repetido en varios países del mundo, donde han surgido brotes de sarampión porque menos del 95% de la población había sido vacunado.

Las vacunas son «notablemente seguras»

Los cambios en la etiqueta de las vacunas han hecho que las vacunas sean aún más seguras que antes, y siguen siendo «notablemente» seguras, informaron en julio investigadores israelíes.

Una revisión de 58 cambios diferentes en las etiquetas de las vacunas, realizados entre 1996 y 2015, ha mostrado muy pocos peligros en la vacunación, y los cambios que se hicieron fueron hechos principalmente para asegurar que las personas vulnerables a los efectos secundarios o alergias estuvieran protegidas, encontraron investigadores israelíes.

Los expertos en vacunas se preocupan por un pequeño, pero ruidoso grupo de escépticos de las vacunas que han puesto en duda la seguridad de las vacunas, que pasan por un riguroso proceso de pruebas antes de ser aprobadas por la FDA y otros reguladores de medicamentos mundiales.

La razón más común para un cambio relacionado con la seguridad en el etiquetado fue una expansión de las restricciones de población, por ejemplo, recomendando que las mujeres embarazadas o las personas inmunodeprimidas no se vacunen con virus vivos. Estos explicaron el 36% de los cambios.

Las advertencias relacionadas con las alergias, a menudo al látex que se usa en los envases, representaron otro 22% de los cambios en las etiquetas, encontró el equipo. Doce cambios en las etiquetas de advertencia alertaron sobre el riesgo de desmayos después de la vacunación.

La única vacuna que se retiró por razones de seguridad, la vacuna contra el rotavirus RotaShield, se retiró del mercado menos de un año después de su comercialización inicial. Se relacionó con una afección poco común llamada intususcepción, que puede hacer que los intestinos se enreden en los bebés. Puede resultar fatal.

«El problema de seguridad que desencadenó el retiro de la única vacuna fue rápidamente identificado por el programa de vigilancia posterior a la comercialización existente», dijeron los investigadores.

Las vacunas contra la influenza estacional, que eran las más comunes en la población del estudio, tenían menos probabilidades de estar asociadas con modificaciones de seguridad, encontró la investigación. Tres de las 21 vacunas contra la influenza tuvieron una modificación, en comparación con 22 de las 36 vacunas para otras infecciones.

La cantidad de tiempo promedio entre la aprobación de la vacuna y una modificación de seguridad fue de cinco años, y la cantidad de modificaciones de seguridad que ocurren cada año se ha mantenido estable, dijeron los investigadores.

«Con un historial tan impresionante, las vacunas se consideran con razón como uno de los mayores logros de la ciencia biomédica y la salud pública», escribieron.

*Con información de CNN

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