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Ayer hace 54 años

31 marzo, 2017 Rolando Archila Marroquin

Hacía apenas quince minutos que se había tocado silencio a las 21:00 horas aquel 30 de marzo de 1963 y todo el personal se aprestaba a dormir para recuperarse de las fatigas, cuando un toque de corneta rasgó la quietud de la noche convocando a una reunión de oficiales en la Brigada Guardia de Honor. Al entrar al salón, esperaban los coroneles Enrique Peralta Azurdia,Ministro de la Defensa, Miguel Ángel Ponciano, Jefe del Estado Mayor, acompañados por sus respectivos ayudantes, Oliverio Cahueque y Adolfo Callejas, primer y segundo comandantes de la brigada, acompañaban al grupo el coronel e ingeniero Juan de Dios Aguilar y los mayores José Luis Agulilar, Kjell Laugerud y Leonel Vassaux.

Peralta Azurdia empezó a explicar el motivo de la reunión, hablando sobre los desaciertos del presidente Ydígoras, lo cual parecía extraño. Fue el coronel Cahueque, quien acotó que de lo que se trataba era de derrocar a Ydígoras, asumiendo el ejército el poder, encabezado por el propio ministro en calidad de Jefe de Estado. Se disolvería el Congreso, la Constitución sería reemplazada por un Estatuto de Gobierno y se emitirían Decretos -Leyes para gobernar. Así mismo indicó, que todas las unidades del ejército estaban de acuerdo con deponer a Ydígoras y preguntó si los oficiales de la Guardia de Honor estaban dispuestos a participar. Dadas las circunstancias, todos aceptaron. Se nombró una comisión para pedirle la renuncia a el presidente y se preparó a la tropa para la operación militar. La comisión estuvo integrada por los coroneles Adolfo Callejas, Carlos Enrique López Moraga y el mayor José Luis Aguilar.

La Casa Crema, residencia oficial del gobernante fue rodeada y los miembros de la comisión se presentaron para pedir la renuncia. Ydígoras dormía sin pensar en lo que le esperaba. Al hablar con los representantes del ejército se negó a renunciar y después de comprobar por teléfono que nadie lo respaldaba, accedió a ir a la Fuerza Aérea y abordar un avión que lo llevaría al exilio a El Salvador. Se había fijado un plazo de 15 minutos para que los miembros de la comisión salieran. De no hacerlo, se iniciaría el ataque. El tiempo se venció en el momento que Ydígoras subía a un auto y le decía a su esposa “nos vemos vieja, te quedas viuda” y un tanque derribó la puerta de entrada. Doña MaríaTeresa Laparra de Ydígoras, enfundada en una bata contemplaba la escena llorando. En ese momento dramático algunos oficiales gritaban ¡no disparen, no disparen!. Finalmente, el depuesto presidente abandonó la residencia hacia la Fuerza Aérea. Eran casi la 01:30 del 31 de marzo y todo había terminado.

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