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¿Calamidad en el Estado?

28 julio, 2017 Christians Castillo

Cada día que pasa, se profundiza la inoperancia e inefectividad del Ejecutivo, la pérdida de credibilidad del caprichoso Legislativo y la lentitud del Judicial.

La serie de acontecimientos recientes respecto al estado de las carreteras en el país, ha dejado en claro tres realidades concretas: la inmadurez política de la institucionalidad del Estado que no logra acuerdos para atender la crisis; la visión empresarial, resuelve el problema solicitando la renuncia del ministro; y el acelerado deterioro de la red vial, que continuará así por un buen tiempo, mientras los interesados “se ponen de acuerdo”.

En marzo del presente año, con bombos, platillos y maquinaria pesada frente al palacio, el presidente Jimy Morales y su ministro de Comunicaciones, Aldo García, lanzaron el “Plan nacional de recuperación vial enfocado en salud, educación y desarrollo económico”. Con esta acción mediática levantaron la expectativa de que además de la recuperación de la red vial, se haría una agresiva inversión en infraestructura de salud y educación. Solo para la rehabilitación de 19,493.3 kilómetros, se proyectó invertir Q2,981.1 millones.

Cinco meses después y luego de múltiples lamentos sobre lo que no hicieron los gobiernos anteriores, más las “exigencias” de la Contraloría General de Cuentas (CGC) y el Ministerio Público, respecto del tramo de la CA-2 Occidente –de Cocales a la frontera Tecún Uman– y el tramo de la CA-2 Oriente –Escuintla, Ciudad Pedro de Alvarado– ambos en litigio jurídico, llevó al Ejecutivo a solicitar un estado de calamidad.

La acción fue interpretada como un intento por aprovecharse de un estado de Excepción, para ejecutar de manera opaca recursos que ya están asignados en las instituciones responsables, pero que los temores respecto del combate frontal a la corrupción, parecen haber llevado a los funcionarios a la parálisis. Ni siquiera se solicitaban recursos nuevos, cuando ya múltiples voces alertaban sobre posibles negocios turbios.

¿Y no que Guatemala ya cambió, pues? ¿Dónde estaban todas esas voces que tan optimistamente vitorearon la llegada de la nueva política?

En fin, en el Congreso pusieron el grito en el cielo, algunos diputados señalaron que el texto no definía cuáles eran las prioridades de reparación, cuáles eran los recursos que se necesitaban, el período de tiempo que se emplearía, que no contenía un plan de rendición de cuentas, hasta se dijo que el supuesto acuerdo había dejado fuera a la CGC y que no firmarían un cheque en blanco a un ministerio por demás incapaz, que al término del séptimo mes del año solo había ejecutado el 20 por ciento de su presupuesto.

Como contraparte, el Ejecutivo está cada vez más débil políticamente y sin el apoyo de la bancada mayoritaria que no parece haber cabildeado previamente la solicitud y de entrada, se estrelló contra la bancada de oposición que ahora exige un pedido de disculpas del presidente, por las recurrentes faltas de respeto al honorable Pleno.

En medio de la diatriba, la Cámara del Agro hizo lo propio y mediante comunicado de prensa exigió la renuncia del ministro, solicitándole que reconociera su incapacidad para el ejercicio del cargo. Pero con cambiar al chofer de un vehículo seriamente deteriorado, no se alcanza una solución que dé resultados inmediatos.

Luego de que el estado de Calamidad demostrara que no era la vía correcta para abordar la problemática –pues parecía más un salvoconducto para la cartera de Comunicaciones–, el plan “B” del Ejecutivo para recuperar las carreteras es una iniciativa de ley para la liquidación de proyectos carreteros con señalamientos o reformas a la Ley de Contrataciones. El destino de ambas parece estar cantado, pues llegará al Legislativo a estrellarse de cara contra la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), que no le perdona al presidente Morales haber incidido en la elección de la junta directiva del Congreso. 

Mientras tanto, usted y yo, que usamos la red vial, seguiremos esquivando hoyos y reparando los daños de nuestros vehículos.  Como la solución no se avizora, le propongo que adopte un bache, es decir, circule con pintura el más cercano a su residencia y, con esa alerta, podría evitar accidentes y es una acción concreta en medio de la calamidad de nuestro Estado.

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