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Campaña #YoTeCreo busca solidaridad con víctimas de violación

25 mayo, 2017 Coralia Orantes Diario Digital

Bastante duro es ser víctima de violación como para tener que soportar también que no crean lo que le sucedió. Este es el tema de la campaña #YoTeCreo lanzada por la Asociación de Mujeres de Guatemala (AMG), con sede en España. Está basada en el testimonio de una mujer guatemalteca llamada Ana, quien dio a conocer su historia a través de un cómic.

Esta historia ha acaparado la atención de varios medios de comunicación de ese país. Por ejemplo el periódico español El País recientemente publicó un artículo al respecto. El cómic completo puede verse en este link. Ella asegura que “lo que no fui capaz de expresar en palabras, lo dibujé”.

Víctimas sin credibilidad

Según AMG, uno de los problemas que enfrentan quienes son violadas es la revictimización y además la falta de apoyo que encuentran, no solamente de parte de la sociedad sino también de los sistemas de justicia.

La psicóloga clínica Ximena Fuentes señala que esto es muy común en Guatemala y provoca que muchas víctimas no denuncien lo que les pasó. “No hay confianza en el sistema de justicia y antes de ser revictimizadas o señaladas durante el proceso, optan por callar”, refiere. Muchas tratan de olvidar o fingir que nunca pasó.

Sin embargo, la experta considera que para superar un episodio como este es necesario darle un cierre, lo que se conoce como “una reparación digna”. Buscar justicia es parte de este proceso, al igual que el acompañamiento de expertos.

En casos como los de Ana, donde la justicia no le favoreció, compartir su experiencia como lo está haciendo también es de gran utilidad. “Esto le da sentido a lo que le pasó al ayudar con su experiencia a otros que pasan por lo mismo”, dice Fuentes. De esta manera, sale algo positivo de la terrible experiencia.

Cómo denunciar

Si bien se suele denunciar nada más ocurre la agresión, muchas mujeres deciden hacerlo cuando ya ha pasado algún tiempo. Según la sicóloga María Guiselle De León, con amplia experiencia en atención a víctimas, este es un delito que no prescribe. “Lo importante es denunciar. Todas las denuncias son tomadas en serio y se inicia el proceso requerido para investigar”, explica.

Para buscar orientación y asesoría, existen diversos grupos de apoyo. Uno de ellos es el Grupo Guatemalteco de Mujeres (GGM), que da las siguientes indicaciones para hacer denuncias:

Material preparado por el Grupo Guatemalteco de Mujeres (GGM).
Material preparado por el Grupo Guatemalteco de Mujeres (GGM).

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Lo ideal es denunciar una violación tan pronto como sucede pues así se puede no solamente obtener importante información forense, sino además la víctima recibe medicamentos para evitar embarazos y enfermedades de transmisión sexual si se le atiende en las primeras 72 horas.

Sin embargo, si la violación ocurrió hace algún tiempo también se pueden hacer las investigaciones del caso. “Estas incluyen muchas otras pruebas, no solamente la médica. Las personas que reciben las denuncias están capacitadas para atender de forma integral a la persona, evitando revictimizarla”, informa.

El testimonio

Según los datos que AMG ha dado a conocer, la historia de Ana empezó en Guatemala donde conoció a su agresor en la universidad, era su profesor y quiso enamorarla sin éxito. Luego no volvió a verlo por un tiempo porque él se fue al extranjero. Por no sentirse segura, ella también quiso salir del país.

El testimonio, dado a conocer por dicha asociación, relata que el agresor fue una de las personas que la recibió en España y aprovechó que ella estaba sola y vulnerable para abusar de ella, no solo de manera física y sexual sino también psicológicamente. Ella declaró que le hizo creer que le debía retribuir por haberle ayudado y esto incluía dejarle usar su cuerpo.

Foto cortesía de Asociación de Mujeres de Guatemala
Foto cortesía de Asociación de Mujeres de Guatemala

Ana señala que el abuso tuvo lugar por algunos meses, en un principio de maneras sutiles para irse volviendo violaciones que incluían torturas. Asegura que siempre se negó pero que él no se detuvo. Así pasaron varios años hasta que se atrevió a denunciar con la ayuda de otras mujeres. Sin embargo, esto fue el inicio de otro triste capítulo.

“Decidí iniciar un proceso judicial en su contra. (…) El proceso fue devastador. Pasé por varios juristas y psicólogos que ni comprendieron ni creyeron mi historia, como tampoco la creyó, finalmente, la jueza del caso“, señala el testimonio de Ana.

“Me hirió profundamente la desconfianza y la falta absoluta de empatía con que me trataron. En esa sala, las vejaciones a las que me había sometido mi agresor no eran más que puntos en una enumeración burocrática destinada a acabar en un archivo”, concluye.

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