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Cientos de cartas prueban los amores y desamores de un cardenal

27 julio, 2018 Isabel Soto

Cada palabra de amor imaginada aparece en las cartas intercambiadas entre el cardenal Ascanio Colonna (1560-1608) y cientos de damas españolas del siglo XVI.

El fervoroso clérigo católico, hijo de una prominente familia italiana, vivió en España cuando era estudiante y de esa época data la mayoría de las misivas que encontró la historiadora Patricia Marín Cepeda.

La pasión se desborda entre líneas en ellas y no precisamente por frases de lealtad o invocaciones al dios en nombre del cual había sido ungido para entonces.

Dórida, Lisarda, Marfira, Ninfa Castalia y Henarda, Pastora del Henares, son algunas de las destinatarias de las misivas.

Pero parece que Dórida es la que más lo golpeó en el centro del pecho.

A ella dedicó probablemente sus más fuertes reclamos y palabras de revancha en 1588.

  • “Ámame y cree que ordena Dios no nos tratemos, porque de mí sé que, ausente y sin haberos gozado en este infierno que vivo de ausencia, casi que no conozco otra gloria”.
  • “Por pagaros en la mesma moneda la relación que me distes del deseo de vuestro nuevo galán, sabed, mi amiga, que visitando una dama que ahí se tuviera por igual vuestra, a la despedida me rogó mucho favoreciese a una criada casada de mi madre (…) Vine a casa y tuve un recado de esta mujer, mi criada, que tenía necesidad de hablarme. Díjele que viniese y concluyó que aquella dama (…) quería venir a dormir en la mía”.

Y el comentario no parece cosa de hombre soberbio, ansioso por molestar a quien tal vez no le prestaba suficiente atención.

 

Mujeres atrapadas por el cardenal

Otras amantes dejaron por sentado su disposición a cumplir cualquier deseo del varón que devino hombre de Estado al servicio de Felipe III de España.

Sin dudas, algo más allá de sus palabras tenía el italiano como para despertar afectos tan sublimes:

  • “Gloria no tengo otra sino ser yo tu esclava (…) y saber por momentos de ti”, le escribió Henarda, Pastora del Henares.
  • “La señora la consada (sic) (…) te quiere más que a su vida y a su alma (…) pero más rabias se haga porque conoce su señoría que a tus ojos no hay otra como tu duquesa”, le aseveró una celosa Ninfa Castalia.

Estas son apenas unas frases sacadas de un archivo de unas 500 cartas de cierta naturaleza erótica.

Ellas permitieron corroborar la tesis de que el gran Ascanio Colonna estuvo carteándose de forma paralela con al menos cinco mujeres españolas de 1586 a 1608.

La mayoría de ellas, posiblemente, nobles casadas o incluso una que otra religiosa de hábitos.

De clérigo y hombre de Estado a héroe de la Galatea

El sexto hijo de Marco Antonio Colonna y de Felicia Orsini​ estudió artes en la Universidad de Alcalá de Henares y teología en la de Salamanca.

Durante un tiempo fungió como abad de Santa Sofía de Benevento y profesó como caballero en la Orden de Malta.

De esta última llegó a ser prior de Venecia, en 1594.

Y en 1586, con la recomendación de Felipe II,​ fue nombrado cardenal por Sixto V.

En su trayectoria religiosa aparece también la participación en los cónclaves en los que resultaron elegidos los papas Urbano VII, Gregorio XIV, Inocencio IX y Clemente VIII.

Sin embargo, lo que quizás lo catapultó a los anales de la historia es haberse desempeñado como Ascanio Colonna.

Después de ello ocupó la diócesis suburbicaria de Palestrina (1606), donde murió a los 48 años de edad.

Colonna fue sepultado en la archibasílica de San Juan de Letrán de Roma.

Mas de su existencia seguirá hablándose mientras la obra de Miguel de Cervantes Saavedra continué siendo recreada.

El Manco de Lepanto le dedicó su novela pastoril La Galatea (1585), una de las que mejor representó el ideal al que aspiraba el hombre del Renacimiento.

La obra mezcla jugosos duelos dialécticos sobre la naturaleza del amor y el desamor, con acercamientos a la psicología en torno a las pasiones que provocan sufrimiento como los celos, el desdén, la ausencia o la muerte del ser amado.

 

 

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