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Carencia de líderes

9 marzo, 2017 Estuardo Porras Zadik

Entendamos que el cambio es inevitable independientemente de quién se oponga a él, y que lo que empezamos ya no tiene marcha atrás.

Hoy nos encontramos estancados en confrontaciones ideológicas extraídas de un pasado que habla por sí solo y del cual pareciera que nada hemos aprendido. Herederos de una historia compleja que requiere de un profundo conocimiento para intentar crear un futuro diferente, hemos sido incapaces de aprender de nuestros errores y asumir cada quien su responsabilidad e involucramiento. Ya no podemos escapar de la terrible realidad de que el modelo de desarrollo económico fracasó y, con este fracaso, ha sido imposible impulsar un desarrollo social. Guatemala se encuentra soterrada en el subdesarrollo y ninguna de las propuestas que emergen de los diferentes tanques de pensamiento, tanto de izquierda como de derecha, ofrece una solución viable que permita que salgamos de esta condición.

Urge el surgimiento de líderes capaces de entender nuestra historia y, de manera objetiva, propongan un camino diferente que no sea indiferente a ningún sector. Cada sector pregona sus convicciones según sus propios intereses, sin tener en cuenta el interés de los demás. Cada uno se aferra a las costumbres heredadas, aunque las mismas sean destructivas para otros fuera de su entorno. Solo cuando las propuestas sean realmente incluyentes, democráticas, empáticas, respetuosas de los demás y apegadas al estricto cumplimiento de la ley, podremos realmente vislumbrar un mejor país. Sin embargo, esto requiere que seamos capaces de ver para atrás y corregir nuestro actuar, ceder espacios, estar dispuestos a romper paradigmas y costumbres y lo que es más importante, tener la madurez de ver el punto de vista de la contraparte.

Lo que hoy tenemos sobre la mesa, son defensores de intereses puntuales que apelan a las tan destructivas ideologías de nuestra historia. Aunque existen intentos aislados provenientes de ambos extremos ideológicos de romper el molde e impulsar propuestas diferentes, los mismos no logran divorciarse de una historia que pesa lo suficiente para repeler a otros sectores a sumar esfuerzos.  ¿Cuándo llegará el día en el que de manera tajante y pública un empresario juzgue a otro por evadir impuestos? De igual manera, ¿cuándo veremos a las organizaciones campesinas, abierta y públicamente, condenar la invasión de la propiedad privada como lo vemos en fincas e hidroeléctricas?  La evasión fiscal es un delito como lo son los bloqueos de carreteras y la invasión de la propiedad privada. Sin embargo, en Guatemala las ideologías y el solidarismo pesan más que la ley, y es ahí donde el consenso que requieren el desarrollo económico y el desarrollo social se hace imposible. Defendemos lo nuestro, aunque lo nuestro sea ilegal o incorrecto, no importando a qué sector pertenezcamos.       

Y así hemos sobrevivido por varios siglos con altas y bajas. Hemos acudido a remedios paliativos que solo postergan el problema para el futuro. La firma de la paz es un ejemplo de esta postergación y hoy ya estamos en ese futuro que fuimos incapaces de cambiar. Seguimos tan polarizados como siempre, cada quien tratando de impulsar el cambio desde su sector, reacios al diálogo, al consenso y a la posibilidad de ver la problemática desde la óptica del otro. En nuestras diferencias radica nuestra fortaleza, siempre y cuando no permitamos que nuestras ideologías, costumbres e intereses opaquen nuestra visión de un mejor país. 

Tengamos cuidado de los pseudolíderes capaces de encender el radicalismo de cada sector, pero carentes de la solvencia y el liderazgo que se requieren para encausarnos hacia un verdadero cambio. En los últimos días se han despertado sentimientos en varios sectores, que debimos de haber enterrado hace ya mucho tiempo. El revivir estos sentimientos es tan peligroso como reprimirlos, más aún cuando los instigadores y responsables de incentivar la problemática y la confrontación lo hacen bajo premisas ideológicas. En resumen, estamos donde empezamos y no estamos siendo capaces de responsabilizar a nuestros “líderes” del fracaso. El cambio será posible, cuando venga de nuevos liderazgos capaces de abordar la problemática de manera diferente.

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