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Cerremos la Semana Mayor con estos cuentos y leyendas de temporada

16 abril, 2017 Anamaria Arroyo Diario Digital

Donde sea que hayamos crecido, hay varios cuentos que nos acompañan a través de la tradición oral de Guatemala. Tu familia te los cuenta desde que eres pequeño, en las noches o en la sobremesa para asustarte. También los encuentras en libros recopilatorios de varios escritores, como Celso Lara o Héctor Gaitán. Te traemos 6, no podemos confirmar ni negar que más de alguno sea real.

Los penitentes de la Recolección

Walter Wirtz
Walter Wirtz

Se dice que por las noches en el barrio de la Recolección, largas filas de penitentes caminan por las calles. Son personajes vestidos de túnica y capirote, a la antigua, que caminan arrastrando cadenas, con una vela en la mano.

Las abuelas dicen que son ánimas, pidiendo perdón por los pecados de su vida, pero nadie sabe con seguridad. Hay quienes dicen que, si no devuelves la vela, se convierte en un hueso y los penitentes ‘te ganan’, muriéndote a los pocos días. Otros dicen que al recibir la vela, es cuestión de días para que te lleven. La solución: devolverla con un niño pequeño cerca.

El espanto entierro

 

Walter Wirtz
Walter Wirtz

En el barrio de Santa Catalina se cuenta que, los viernes Santo, desde que dejó de salir la procesión del sepultado se escuchaba la banda y el caminar de una procesión a medianoche. Incluso se siente el aroma del incienso en el aire, pero esta procesión pasó casi 100 años sin salir, desde las prohibiciones de la época de Justo Rufino Barrios, hasta hace unos años.

Existen historias de cargadores que regresan de las entradas de otras Iglesias y escuchan una procesión cerca del templo de Santa Catalina. Cuando se acercan, se dan cuenta que los cargadores no tienen pies y la misma procesión se disuelve en el aire.

El niño de la Demanda

Walter Wirtz
Walter Wirtz

Vecinos del templo de la Merced cuentan que los sábados encuentran pequeños pasitos en las calles. Cuando los revisan bien se dan cuenta que las huellas están hechas de sangre y son de pies pequeños, como de un bebé.

Más de alguien que ha salido de madrugada se ha topado con la sombra alejándose del Niño de la Demanda, caminando en los alrededores del templo mercedario, pidiendo por los niños guatemaltecos que sufren. Su procesión sale el sábado anterior a Ramos.

La señorita de los 7 sagrarios

Walter Wirtz
Walter Wirtz

Esta historia se ha contado varias veces y no se sabe si la leyenda ha sido modificada para los tiempos modernos, o le ha pasado a diferentes personas en diferentes ocasiones. Sobre la Avenida del Cementerio una señorita toma un taxi y le pide al taxista que la lleve a visitar los 7 sagrarios de Jueves Santo.

El taxista accede, porque es una buena carrera y la lleva a las 7 iglesias. Ella llora y reza todo el camino. Cuando termina, le pide que la lleve al mismo punto donde la encontró. Saca el pago pero no le alcanza, así que le entrega una cadenita de oro, junto con un papel que tiene escrita una dirección.  El chofer accede por compasión y al siguiente día va a la lugar solo para encontrar a la madre de la señorita, quien se desmaya al recibir la cadena con la que su hija fue enterrada unos años antes.

El Hermano Pedro y el Sepultado de Santa Catalina

Walter Wirtz
Walter Wirtz

Si vas a la iglesia de Santa Catalina te encontrarás con el Cristo Sepultado. Observa sus pies. Te darás cuenta que están todos maltratados, como si lo hubieran sido arrastrado en una calle empedrada.

Cuenta la leyenda que la imagen le habló al Santo Hermano Pedro mientras que estaba orando frente a él y le pidió que lo llevara al convento de las catalinas, en la Antigua Guatemala. El santo se asustó, pero al final obedeció al Cristo, lo tomó sobre sus hombros y lo llevó. La imagen es mucho más alta que el menudo hombre, así que sufrió daños en sus pies. Después de más de 300 años aún se ven.

Los sonidos fantasma

Walter Wirtz
Walter Wirtz

Durante los años del Conflicto Armado Interno las iglesias cerraban sus puertas a tempranas horas de la tarde. Eso significaba que las visitas debían ser cortas y rápidas. También significaba que no llegabas a las 7 iglesias que pide la tradición de los sagrarios.

Al dirigirse a casa, una mujer con su hijo escucharon una banda tocar marchas fúnebres. Se escuchaba el sonido de multitudes también, así que se dirigieron a dónde el sonido provenía. De la iglesia salía una luz tenue, otras personas se dirigían ahí también, esperando ver el último sagrario de la noche. Estando a poco metros del atrio se dieron cuenta que la iglesia estaba cerrada. La señora tomó a su hijo del brazo y se alejaron rápidamente. Unos minutos después, las marchas se escucharon nuevamente.

Con información de Viejas Consejas sobre santos milagrosos y señores de los cerros de Celso A. Lara Figueroa, La calle donde tu vives de Héctor Gaitán y tradición oral.

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