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Cinco meses, dos fronteras y un migrante en bicicleta

30 julio, 2017 Marcela Lopez Galvez

Después de cinco meses de viajar en bicicleta, Armando González está de regreso en Guatemala. Tiene 25 años, un hijo y dos meses de haber sido deportado. Es originario de Huehuetenango y tiene una historia que contar sobre la travesía hacia el sueño americano.

Con la bendición de su madre, un beso en la frente, una mochila y dos ruedas, emprendió su viaje hacia los Estados Unidos un 15 de diciembre de 2015.

El sol apenas y empezaba a salir, fue una madrugada que olvido, fue triste pero tenía que hacerlo”, fueron las palabras con las que Armando inició a contar a Canal Antigua Digital su experiencia.

Foto: Cortesía Armando González

Un poco de ropa, gasas, curitas, barras de comida y nostalgia eran la carga que llevaría durante los próximos meses en la mochila. A decir de Armando, su motivación para partir fue la poca oportunidad de empleo y la necesidad de poder garantizarle a su hijo una estabilidad económica para sobrevivir.

Foto: Cortesía Armando González

Yo no tenía dinero para pagar un coyote, e igual si uno se va con ellos no tiene seguro nada, por eso para ahorrar dinero me fui en bicicleta”, explicó Armando.

Foto: Cortesía Armando González

Durante los cinco meses que pedaleó, conoció a otros latinoamericanos que le brindaron apoyo y asilo durante algunos días. Trabajó como mesero, jardinero, herrero y mecánico.

Hacía de todo, lo que me ponían a hacer yo le entraba, tenía que ganarme la vida. Todo lo logré porque pude hacer amigos y ellos me ayudaron”, detalla.

Armando asegura que la estrategia de ir en bicicleta le permitió pasar desapercibido en las fronteras. Los policías no lo detenían, los militares le indicaban las rutas y las cercas divisorias fueron escenarios para tomar pausas, cargar energías y retomar de nuevo la aventura.

Foto: Cortesía Armando González

Sobre los peligros del camino, afirmó haber sido asaltado en la Ciudad de México, en donde perdió su teléfono celular. Con el crimen organizado se topó una vez, intercambió algunas palabras, respondió a algunos preguntas pero no sucedió nada, “Dios fue tan bueno conmigo que nunca pasé ninguna pena”.

Actualmente está de vuelta en Huehuetenango luego de ser deportado en mayo 2017, trabaja en mecánica y pese al desánimo que significó su captura y deportación, no descarta un nuevo intento para llegar al norte.

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