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Álvaro Arzú Escobar: «El Congreso no puede complacer a todo el mundo»

17 noviembre, 2018 Redaccion Contrapoder

Álvaro Arzú Escobar, quien con 33 años de edad es el presidente más joven en la historia del Legislativo, fue entrevistado por Glenda Umaña en A las 8:45. Afirmó que ese organismo es un reflejo de la población y que las leyes que agradan a unos siempre van a disgustar a otros.

La familia es muy importante y usted trae la política en las venas, por parte de padre y madre, una dinastía de más de tres décadas…

No recuerdo que se hablara de algo diferente cuando todos estábamos sentados a la mesa, en mi casa. Así que desde pequeño lo único que escuchamos y discutimos con padres, hermanos, primos y tíos siempre fue la política. Sí, lo llevamos en la sangre.

Era el hábitat natural para ustedes, pero, ¿cuál es su primer recuerdo relacionado con el tema?

Yo he participado en todas las campañas electorales desde 1990, acompañando a mi papá en sus giras. Tengo muy presente esa campaña, aunque tenía como 5 años. Nos íbamos con mis hermanos y mis primos al Obelisco a banderear, a pegar calcomanías, en caravanas, en marchas…

¿Desde pequeño se perfilaba como integrante activo?

En la única campaña que no participé fue en la de 1999, porque entonces vivía fuera de Guatemala, pero hay pocas personas que hayan pegado más calcomanías que yo. Siempre estuvimos muy de cerca del partido. En esa época era el Partido de Avanzada Nacional, y después fue el Partido Unionista que fundó mi padre. Muchos creen que uno solo apareció y cayó como paracaidista, pero la realidad es que desde pequeños, hemos estado involucrados en todas esas actividades.

¿En qué momento usted dijo “yo quiero ser parte activa, ser diputado y presidente del Congreso”?

Creo que fue cuando tuve que escoger una carrera en la universidad. Terminé el colegio en Estados Unidos y por bien portado me enviaron por tres años a una academia militar en Indiana, y cuando me gradué, debía decidir qué hacer. Tuve la oportunidad de estudiar en aquel país, pero ya en ese momento quería entrar a la política. No tenía sentido estudiar en otro país, porque quería ejercerla en Guatemala. Por eso regresé y cursé la carrera de ciencias políticas en la Universidad Francisco Marroquín.

Usted hablaba de banderas y calcomanías en las campañas, ¿qué pasó con ellas? Porque hoy se manejan a través de las redes sociales.

El acceso a ese tipo de medios lleva a que uno también tenga que usar las redes sociales para trasmitir mensajes. Por ejemplo, antes había unos accesorios que se colocaban en las antenas de los carros, pero los nuevos modelos ya no traen antenas. Pero creo que las caravanas y las bandereadas serán incluso más importantes, porque las próximas elecciones van a ser atípicas, ya que no está claro el papel de los medios de comunicación en las pautas y si el Tribunal Supremo Electoral las va a contratar, con los nuevos cambios.

¿Considera que a veces las redes sociales son ingratas con los funcionarios públicos?

No solo las redes sociales. En general la política, y sobre todo, el Congreso. Es una institución y una actividad política muy poco comprendida. Es un espacio donde 158 diputados tratan de ponerse de acuerdo en diferentes temas. Ni dentro de la familia o en el lugar de trabajo es posible que el 100 por ciento se ponga de acuerdo. Lo que se tiene que buscar es un consenso mínimo, hacia dónde deberían ir las cosas. Los diputados tienen orígenes, ideologías e intereses distintos.

Como país debemos quitarnos la idea de que debemos estar de acuerdo en todo. Eso no es factible. Hacer la ley perfecta, con la cual el 100 por ciento de la población esté de acuerdo, es imposible. Y aquí hay un papel de los medios de comunicación, que muchas veces exaltan lo negativo de una ley o de una acción que toma el Congreso, y no lo positivo. El Congreso siempre va a ser una institución criticada.   

¿Cuál es el criterio para decidir qué  iniciativas tienen prioridad? 

Son varios, pero la coyuntura es el más relevante. Cuando el Volcán de Fuego hizo erupción, la prioridad fue decretar un estado de Calamidad, y parte de un préstamo, cuya aprobación se estaba gestionando, fue para atender la emergencia. Desde la presidencia del Congreso se tiene un nivel de influencia sobre la agenda. El mío fue priorizar la actividad económica y hubo avances, como aprobar la ley de factoraje que beneficia a pequeños y medianos empresarios, una para fortalecer el emprendimiento, otra de garantías mobiliarias y la del libramiento de Chimaltenango, por citar algunas en esa línea.

En cuanto a la migración, ¿cómo se combate ese problema?

Generando empleo. Una crítica que se ha hecho a mi gestión es haber activado la agenda económica y haber dejado estancada la agenda social. Y en este aspecto cito al presidente Ronald Reagan: “El mejor programa social es un empleo”. Si se genera certeza en la inversión de capital privado a todo nivel, el resultado es la generación de empleo.

Considero que la gente que emigra no lo hace por la violencia, porque el índice de homicidios ha bajado a la mitad en los últimos ocho años; es por falta de oportunidades. Además, mientras la tasa de natalidad es de 3 o 3.5 por ciento, el crecimiento económico anda en 2 puntos porcentuales, y el resultado es que aumenta la pobreza. Para el acceso a condiciones de vida dignas, la única solución es generar empleo y no esperar que el gobierno entregue ayuda.

¿Cuáles considera que han sido los aciertos y desaciertos del actual gobierno?

No me corresponde hacer esa calificación; eso le compete a la población. Pienso que el presidente Jimmy Morales heredó una situación sumamente complicada y él y su equipo han hecho un gran esfuerzo, bien intencionado. Aunque también han sucedido muchos hechos desestabilizadores que llevaron a que estos tres años se perciban como turbulentos.

¿Cree que el gobierno ha fallado en comunicar esas buenas intenciones?

No lo sé. Eso forma parte de su propia estrategia de comunicación. Lo que le puedo asegurar es que una cosa son las expectativas de la gente y otra lo que se puede hacer. Al gobierno le achacan el mal estado de las carreteras del país, pero la ley de contrataciones que se reformó en 2015 obstaculiza la ejecución del presupuesto. En especial porque una sola impugnación puede representar un retraso de varios meses.

¿Cuál es su postura en cuanto al proceso de financiamiento ilícito por el que se señala al mandatario?

No voy a referirme específicamente a su caso, porque desconozco los pormenores. Como le comenté al principio, estuve en campañas desde 1990, y he visto que se acercan los simpatizantes voluntariamente para ofrecer desde chuchitos, hasta mantas y camisas. Por esos apoyos, antes de que aprobáramos esta reforma, se podía ir 12 años a la cárcel. Y la pena era la misma para la señora que dona los chuchitos, que para quien recibe dinero del narcotráfico. Fue la propia Corte de Constitucionalidad la que llamó la atención sobre la necesidad de establecer la proporcionalidad de la pena, porque ambas situaciones son distintas.

Pero algunos señalan que fue una decisión para favorecer a un grupo…

Es absolutamente falso. El problema es que el Ministerio Público y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) utilizaron el financiamiento electoral ilícito para incidir en las elecciones, acusando o poniendo en peligro a los empresarios que tradicionalmente han aportado a las campañas y, de paso, la existencia de los partidos políticos. ¿Cómo se va a cancelar una agrupación política que tiene, por lo menos, 24 mil afiliados?

Si algún miembro de cualquier partido comete un ilícito, se sanciona a la persona, pero no se utiliza esa acción para cancelar un partido político. La responsabilidad penal es personal. En el mundo no hay ningún partido que reporte el 100 por ciento del financiamiento. Y no porque no quieran, sino porque muchas veces ni se enteran. Lo que hicieron fue un abuso absoluto en la interpretación de la ley, y muchos medios de comunicación están comprometidos y no han sido imparciales en esta discusión.

¿Eso le molesta?

Sí, porque es evidente la parcialidad. No de todos, pero sí de algunos medios de comunicación, pues a pesar de que la sensatez y los argumentos existen, no los publican porque hay una agenda política, incluso ideológica, detrás de todo esto.

Entonces, ¿cómo unir a Guatemala?

Me preocupa, porque veo que Guatemala está más polarizada que nunca, a niveles de la época del conflicto armado interno. Lo triste es que en 1996 se firmaron los Acuerdos de Paz.

¿Recuerda aquel momento?

Yo tenía 11 o 12 años y recuerdo que todos se dieron la mano, pero hay un grupo que no acepta esa situación, y aunque se organiza para tratar de acceder democráticamente al poder, no lo logra. Como en los cargos de elección popular no pudieron ganar, optaron por otros puestos de poder, como el Tribunal Supremo Electoral, y se aferraron al tema del financiamiento electoral ilícito para someter a algunos partidos o eliminar a otros.

Hay empresarios que admitieron haber hecho donaciones y luego se disculparon…

Claro, y también le puedo decir que hay partidos que recibieron aportes de Venezuela y Nicaragua, pero curiosamente eso no lo investigan; los procesos nunca salieron a la luz. Este será un proceso electoral que no se va a decidir en las urnas, sino en las cortes, que ahora legislan y definen la política exterior del país. Cualquier decisión que tome el mandatario, un ministro o el Congreso se judicializa. Con ello se invalida la representatividad que tienen  el presidente y los diputados, que sí fuimos electos.

¿Cuál es su opinión sobre haber declarado no grato al comisionado Iván Velásquez?

Solo dos partidos políticos se opusieron en el Congreso a la creación de la Cicig en 2007; uno de ellos, el Unionista. Mucho antes de que existiera Velásquez, para que no digan que es algo personal. Ello, por considerar que el acuerdo de la Cicig era una entrega de la soberanía del país que, por si fuera poco, no tenía ningún contrapeso y a la que no se le exigía una rendición de cuentas. Y en efecto, se convirtió en lo que nosotros previmos que sucedería.

¿Y los guatemaltecos que salieron a las calles a pedir justicia y los procesos contra el binomio presidencial y otros funcionarios?

Si hablamos de temas de justicia, se deben garantizar los derechos de todas las personas al amparo de la Constitución; entre otros, el de presunción de inocencia. Y que quede claro que no estoy defendiendo al exmandatario ni a la exvicepresidenta, a quienes no conozco. Pero el hecho es que la misma Corte Interamericana de Derechos Humanos denunció el abuso de la prisión preventiva, sean o no culpables esas personas. Muchas, detenidas desde hace tres años.

¿Cuál es la mejor manera de garantizar a la población la transparencia y combatir la corrupción?

Va a seguir habiendo corrupción en Guatemala, en Estados Unidos y en Suiza. Eso no quiere decir que tengamos que aprender a vivir con eso, pero lo inadmisible es que corruptos acusen a otros de corruptos. Hay funcionarios del Ministerio Público sobre quienes también pesan señalamientos. Se impuso la cultura de la acusación, de la denuncia y del retiro de antejuicio. Los problemas que antes eran administrativos, pasaron al ámbito penal.

¿Cómo se posicionó como titular del Congreso, siendo el único integrante del Partido Unionista?

Esa pregunta hay que hacérsela a los otros parlamentarios. Pero la razón es simple: al ser el único diputado unionista, no representaba una amenaza para las grandes bancadas. Y como nunca entré en conflicto con ningún grupo o ideología, vieron en mí la capacidad de dialogar con todos.

¿De qué manera influyó su padre en el puesto que hoy ocupa?

Le puedo asegurar que mi padre no hizo ni una sola llamada, ni se reunió con ningún diputado o con el mandatario. En todo caso, influyó el peso político que él tenía, eso no se puede negar, pero no lo utilizó a mi favor.

Lo que es una presión en su desarrollo político. ¿Cómo lidia con eso?

Más que presión, es la responsabilidad por mantener su legado. Y me dio el mejor consejo: “Es imposible quedar bien con todos, solo haz lo que creas correcto”. Y también me enseñó, con sus acciones, a ser consecuente con mis ideas. Y otra cosa, a saber escuchar, porque es la mejor manera de lograr un equilibrio y tomar buenas decisiones.

¿Qué piensa sobre el protagonismo de la mujer en puestos de poder?

La mitad de magistrados en la Corte de Constitucionalidad son mujeres, y en el Congreso son más de 30. Más allá de lo políticamente correcto y las cuotas o porcentajes, no es eso lo que determina si la política o las decisiones del Congreso van a ser buenas o malas. Creo que lo importante no es si es hombre o mujer, sino la preparación de la persona.

¿Qué le ha impactado más de la injusticia social?

Es imposible negar la inequidad que existe, por varias razones, entre ellas las históricas. Considero que Guatemala ha avanzado mucho en ese sentido, como en la red de conexión eléctrica y la telefonía.

Dos servicios que se privatizaron en el gobierno de su padre…

Sí, y mire los beneficios que han generado para el país. Hoy somos un país exportador de energía eléctrica, y hay más teléfonos que habitantes.

¿Se postularía para presidir el Legislativo otro año?

Ser presidente del Congreso es el máximo honor que se puede tener. Yo fui honrado al recibir la confianza y el voto de los diputados, pero al final es un tema de números. Ahora bien, tampoco es una obsesión.

¿Se ve como presidente del país?

Desde que entré a la universidad tenía la intención de hacer una carrera política, pero no lo veo en términos de puestos, un error que muchos cometen. ¿Hacia dónde me va a llevar esto? Puede ser que termine en un cargo que nunca imaginé. La Presidencia es una opción, pero no la meta. Lo que en verdad importa es hacer lo mejor posible en beneficio del país.

No es el único Arzú en política, también su hermano, que por su parte ha tratado de hacer algún tipo de incursión.

Roberto, como cualquier ciudadano, tiene todo el derecho de participar para un cargo de elección popular. Ese es el único comentario que voy a hacer sobre su participación, porque al final lo único que me interesa en estos momentos es el proyecto político del Partido Unionista, que fundó mi padre.

No solo lo llevó a ganar cuatro veces la Municipalidad de Guatemala, sino también el partido en el cual está mi familia y su equipo de trabajo, algunos de cuyos integrantes lo acompañaron hasta por 40 años, y del que soy el secretario general. Entonces, el único proyecto político sobre el que puedo opinar y en el que voy a participar es el del Partido Unionista.

Transcripción: Edvin Siliezar

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