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Construir desde lo común

1 marzo, 2017 Mauricio Chaulon

La oligarquía guatemalteca ha estancado al país. Su sentido de clase se mantiene en esencia; sólo cambian en algunas decisiones de acuerdo a las circunstancias que impone el capitalismo del cual dependen. Al sistema hegemónico eso le conviene en buena parte, porque los negocios inmediatos –dado el inmediatismo en la búsqueda de ganancias de los oligarcas- los tiene asegurados: materias primas y tierras. Porque aunque los latifundios aquí estén bajo propiedad oligarca, en la lógica extractivista son los grandes capitales corporativos y financieros los que más se benefician. El resultado es el tipo de sociedad que tenemos: desigualdad creciente, violencia constante, empobrecimiento acelerado, un Estado vulnerable y saqueado.

Cuando surgen luchas democratizadoras, la oligarquía pega el grito en el cielo. Sólo ellos y la clase política dominante pueden decir qué es democrático y qué no. Y si las luchas se profundizan y se convierten en procesos que demandan transformaciones estructurales la reacción oligarca es peor. A ellos no les interesa lo común. Mejor dicho, no les conviene. Su anticomunismo no sólo es ideológico sino que es su ethos, su práctica. Le temen a la comunidad, al tejido social. Saben perfectamente que deben reforzar constantemente sus medidas de seguridad, y como el Estado no les es suficiente alientan las policías privadas, las que también están dispuestas a matar por sus patrones. Su anticomunismo, como todos los anticomunismos, tiene origen en el anti común.

Frente a esta realidad privatizadora, no nos sigue quedando más que fortalecernos nosotras y nosotros también. Construir desde lo común debe ser un principio irreductible e inalienable. La “nueva política” no puede seguir transitando por viejas estructuras que están oxidadas, corrompidas, sucias. Resulta imperativo rehacer la confianza para que la comunidad vaya teniendo forma. Y no sólo la confianza entre las personas que la integramos, sino en que la recuperación de lo público no es inadecuada ni errónea. Porque precisamente lo público nos constituye como ser comunitario y comunitaria en la relación con los espacios, con los bienes y con la memoria. De ahí que la privatización de lo público tenga como prioridad transformar nuestros espacios en lugares amurallados y cerrados, los bienes en recursos mercantilizados y la memoria en limitaciones, negaciones, censura tergiversación. Nos han negado la comunidad.

Hay muchos ejemplos que demuestran de cómo varios de los pueblos originarios de este país han desarrollado procesos históricos de gobiernos comunitarios. Dichas formas de gobernar se derivan de sus relaciones históricas con la Naturaleza, con el territorio concebido como fuerza de lo vivo, como cuerpo, y por lo tanto el ser humano y la ser humana es parte integral y no ser superior. Por ello, son anticapitalistas, y con razón.

Las luchas actuales en este país son diversas, y todas, sean del nivel que sean, pasan por recuperar la comunidad, lo común. Los medios de comunicación dominantes se preocupan por presentar aquello que le afecta al automovilista que desde su yo privado, individualista, es detenido por una manifestación campesina, por ejemplo. Lo privado contra lo público. El discurso hegemónico del poder contra el sentido de lo común. Y no existe mayor sentido común que luchar por la vida.

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