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Crónica de un escape: del Hogar Seguro a la calle

8 marzo, 2017 Mariajose Espana Diario Digital

Diario Digital publicó el 12 de noviembre de 2016 la historia de Enma, una de las jóvenes que se escapó del Hogar Seguro a quien ella lo describe como cárcel. Acá la historia. 

 

Eran pasadas las cinco de la tarde del último domingo de octubre, todo estaba calculado para actuar el día en que la monitora más estricta del hogar no estaba de turno. Enma, Paula y dos chicas más aprovecharon ese momento para saltarse el muro y librarse del lugar donde fueron enviadas por orden de juez.

La tarde estaba por finalizar y las adolescentes de 14, 15 y 17 años se ocultaron en el matorral que rodea el Hogar Seguro Virgen de la Asunción. Desde donde estaban observaban cómo las autoridades del lugar salieron a buscarlas.

Hora y media después, las muchachas adolescentes salieron de su escondite y caminaron hacia San José Pinula, el pueblo más cercano, tomaron un bus que las llevaron a la Terminal, en la zona 9 capitalina, y desde ahí se subieron al Transmetro.

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Además de la gente de la casa hogar donde huyeron, nadie más sabía ni sospechaba que eran prófugas de un lugar que describen como una cárcel.

El autobús municipal las llevó a la zona uno y juntas caminaron hacia “la central”, así le denominan a la Plaza de la Constitución. Ahí pasaron la primera noche, junto a los indigentes que acampan en el lugar.

Del NPH al Hogar Seguro

Enma Alexandra De La Cruz habla ahora desde la casa de su mamá, está por cumplir una semana de haber sido localizada por los agentes de la División Especializada en Investigación Criminal (DEIC) de la Policía Nacional Civil (PNC).

Ella pertenece al grupo de 39 adolescentes reportadas como desaparecidas del Hogar Seguro Virgen de la Asunción en el último mes.

Para llegar a su casa hay que atravesar la ciudad de norte a sur. La casa alquilada por su mamá se ubica dentro de una colonia con garita que está dentro de otra colonia con garita.

Enma tiene 17 años, complexión delgada y de poco más de metro y medio de altura. Sus uñas con la pintura descascarada delatan su ansiedad, aunque para hablar es breve y prefiere que le pregunten, antes que decir algo de más.

Enma permanece en casa de su mamá. Foto: Ana María Arroyo / Diario Digital.
Enma permanece en casa de su mamá. Foto: Ana María Arroyo / Diario Digital.

Es la cuarta de seis hermanos y cuenta que Virgen de la Asunción no es la primera casa hogar en la que estuvo. Su mamá, Consuelo De La Cruz, explica que debido a una enfermedad que padeció -sin especificar cuál- se vio obligada a internar a sus hijos en Nuestros Pequeños Hermanos (NPH), una residencia para niños de escasos recursos ubicada en Chimaltenango.

Cuando su salud mejoró, la jueza de niñez y adolescencia le dijo que se tenía que hacer cargo de sus hijos, en ese momento regresó Enma a casa y empezó a estudiar en un instituto de El Búcaro, una de las colonias con mayor incidencia criminal de Villa Nueva.

“Me empezaron a amenazar, me dijeron que me iban a matar”, dice Enma al explicar que huyó de su casa porque las pandillas de El Búcaro le pedían que no llegara al barrio.

Enma dice que no es pandillera, que no conoce a ningún miembro de pandilla y que en ningún momento le pidieron que les hiciera un favor “solo no me querían ahí”, agrega.

En ese momento – en el primer semestre de 2016 – se activó la primera alerta Alba-Keneth con el nombre de Enma, quien se mantuvo una semana escondida en un lugar de Villalobos que no quiso especificar.

Cuando la PNC la encontró, el juez de turno de Villa Nueva ordenó trasladarla al Hogar Seguro Virgen de La Asunción “cuando dijo eso el juez no me gustó, yo quería que me enviara al NPH porque del Hogar Seguro ya había escuchado que pasaban muchas cosas y que habían matado a una niña adentro”, dijo Enma.

Dos meses de encierro

Hogar Seguro

El lunes 22 de agosto del 2016 llegó Enma al Hogar Seguro. Dos meses le bastaron para armarse de valor y planificar su huida “era mejor estar en la calle que estar metida ahí, parecía una prisión”, agrega.

A Enma la ubicaron en el Módulo 7, el asignado para las niñas que se fugan de casa.

El Hogar Seguro es un complejo de cuatro refugios para menores de edad, Mi Hogar para adolescentes mujeres, San Gabriel para adolescentes hombres, Elisa Martínez para niños de 3 a 11 años y Capacidades Especiales para niños enfermos o con alguna discapacidad física o mental.

Enma fue asignada Mi Hogar y su forma para describirlo se resume en cuatro palabras que no duda en repetir “era un lugar feo”. Esta casa está conformada por ocho módulos, donde están divididas las niñas según el motivo por el que llegaron, ya sea por ser víctimas de prostitución, por pertenecer a pandillas y ser drogodependientes, por rebeldía, fuga y protección.

Todos los días la jornada en el hogar iniciaba a las cuatro de la mañana, las niñas se levantaban para hacer limpieza y preparar su desayuno, “a partir de las siete de la mañana éramos libres y no hacíamos nada”, agrega Enma.

Dos días a la semana dedicaban la mañana para estudiar, pero Enma agrega que las maestras y monitoras no les ponían trabajo o tareas. Según dice, algunos días hacían algo de deporte y el resto de la semana estaban libres sin ninguna tarea asignada.

Entonces ¿qué hacían? “en el hogar no haces nada y las que se aburren se dedican a pelear, si sales de los módulos es para pelear con alguna de las niñas”, dice Enma.

Las autoridades de Hogar Seguro no atendieron a la prensa. Foto: Fabricio Alonzo / Diario Digital.
Las autoridades de Hogar Seguro no atendieron a la prensa. Foto: Fabricio Alonzo / Diario Digital.

Entre los días de ocio y pelea, las niñas encontraron algo para entretenerse y eso era tatuarse las piernas “las más antiguas y que pertenecen a las pandillas te obligan a tatuarte, sino aceptas te pegan”, explica.

De esta forma, Enma con 17 años tiene tatuado su nombre en la pantorrilla izquierda, en la derecha está el nombre de la jefa de las monitoras y en el tobillo del mismo lado tiene el dibujo de una cruz que tiene la seña de una infección.

Los tatuajes los hacen con tinta de lapicero y utilizan la misma aguja para marcar a todas.

A Enma le bastó estar en el lugar dos meses para decidir huir “las pandilleras me dijeron que iban a hacer un bochinche y que si quería aprovechar a fugarme y dije que sí”. Así fue como se convirtió ese 30 de octubre en el día perfecto para actuar.

Magaly se llama la jefa de las monitoras y Enma lleva tatuado su nombre. Foto: Ana María Arroyo / Diario Digital.
Magaly se llama la jefa de las monitoras y Enma lleva tatuado su nombre. Foto: Ana María Arroyo / Diario Digital.

Una semana antes de regresar

Mientras Enma cuenta su historia se le observa tranquila y no se inmuta en ningún momento. Cuenta que después de esa primera noche, las cuatro muchachas que se fugaron de la casa hogar se separaron “ahí en la central puede encontrar a las que se fugan del hogar, ellas se quedan solventeando (oliendo solvente)”, dice.

Después de pasar una noche en “la central”, Enma fue a la casa de una amiga que conoció en la casa hogar y ahí se quedó una semana.

Riéndose un poco, dice que a través de las noticias se dio cuenta que la estaban buscando “escuchaba que decían que buscaban a una patoja de 17 años y a tres más y sabía que hablaban de mí porque yo era la única de esa edad que se había ido”.

Enma asegura que pensaba regresar a casa el lunes 7 de noviembre, pero antes decidió contactar a su hermano por Facebook para contarle que estaba bien, en esa misma conversación por chat quedaron en verse el sábado 5 a mediodía, una hora después llegaron los de la DEIC para llevarla a las oficinas de la Alerta Alba Keneth.

comillasAlgunas se las llevaron engañadas y les dijeron que las iban a llevar a lugares seguros y  las prostituyen, así rumoraban” dice Enma sobre las demás chicas que aún no aparecen.

 

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