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De vanas polarizaciones sociales

19 mayo, 2017 Carlos Morales

Si seguimos hundidos en las extremas ideológicas, no podremos aspirar a un país democrático con oportunidades para todos. Necesitamos tolerancia.

Los guatemaltecos no hemos podido superar los tiempos de la Guerra Fría. Las posiciones, en casi el cien por ciento de los temas, siguen siendo polarizadas y sin la mínima posibilidad de conciliarse.

La democracia, como sistema social, está fundamentada en varios pilares. Dos de ellos: la libre expresión y la tolerancia, sin los que es casi imposible pensar en una sociedad democrática. Sin embargo, cada vez me convenzo más de que nos alejamos de ellos; y fortalecemos el odio y el intento de imponer nuestros criterios.

Todos, sin distingo alguno, somos libres de pensar como se nos venga en gana. Pero esa libertad tiene su límite, cuando entramos en la esfera de la libertad de terceros que disienten de nuestros pensamientos. Es allí donde la tolerancia comienza a jugar su papel, pues tenemos que convivir en espacios comunes y debemos regirnos por normas comunes, lo cual hace imperante encontrar puntos de convergencia.

Hallar esos puntos no es fácil, pero si queremos una Guatemala diferente en el corto plazo, debemos ceder. No podemos aferrarnos a esas posturas extremas en las que hasta ahora nos refugiamos, sin comprender que los acuerdos se negocian y la negociación implica que los bandos en discordia cedan una parte de sus posiciones.

Solo alcanzando acuerdos de ese tipo, tendremos una Guatemala distinta. Una nueva Guatemala que nos permita salir adelante a todos, con oportunidades y con espacios para la toma de decisiones.

Mientras eso sucede, tenemos que trabajar en la reinvención de nuestra guatemalidad. Debemos buscar cómo construir ciudadanos dentro de estos nuevos acuerdos. Ciudadanos conscientes y comprometidos con su país y su sociedad.

Si seguimos como hasta ahora, no podemos esperar nada diferente. Seguiremos viéndonos los unos a los otros con odio y creyendo que el pensamiento de cada cual es el mejor. Seguiremos caminando por las calles, casi atropellándonos, sin voltearnos a ver, mucho menos saludándonos. Continuaremos irrespetando las leyes, porque eso es lo que hacemos, so pretexto de que todos lo hacen.

Seguiremos viendo motos con tres o más pasajeros, sin casco o con ellos colgando del brazo. Seguiremos viendo  automotores transitar o rebasar en contra de la vía. Pilotos de autobuses conduciendo como locos, matando a connacionales y hasta a ellos mismos. O viéndolos estacionarse donde no deben. Pero, peor aún, viendo cómo todo sucede en las narices de las autoridades encargadas de velar por que no ocurra; sin embargo, preferimos hacernos de la vista gorda para evitar problemas.

Seguiremos viendo políticos enriquecerse ilícitamente, legislando para sus intereses o para el de sus financistas. Seguiremos viendo a empresarios que no pagan salarios dignos ni mucho menos ofrecen condiciones respetables para que sus empleados ejerzan sus labores. O bien, seguiremos viendo trabajadores sindicalizados sin el menor ánimo de velar por que sus empresas o instituciones prosperen y puedan darles mejores condiciones y salarios, pero sí exigiendo mejoras, intentando trabajar menos o ni siquiera trabajar.

Así no vamos a ningún lado como sociedad. Así, nuestro único destino como país es seguir cayendo en los ranking que miden nuestras acciones y actitudes, reflejando cómo otros países prosperan, mientras nosotros nos hundimos en el fango del desinterés y las arenas movedizas de los extremismos ideológicos. Sí, esos que nada aportan al desarrollo de un país pobre, subdesarrollado y decadente, pero rico en recursos que no sabemos explotar para lograr el BIEN COMÚN.

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