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Del contrabando y otros ilícitos

6 abril, 2017 Estuardo Gasparico

Cuando usted compra abarrotes, medicinas o ropa en la calle, ¿pregunta por la procedencia de la mercancía o ni siquiera le interesa?

Nos acercamos al descanso más largo del año, cuando mucha gente que realmente es devota, acostumbra participar en todas las actividades religiosas que puede, mientras que la demás, enfoca sus planes y esfuerzos en salir a veranear y disfrutar de algunos días de vacaciones dentro o fuera del país.

Sea como fuere, el denominador común es que todos destinan una cantidad de dinero para comprar artículos de viaje, comida, bebida, ropa y zapatos especiales para la época, medicinas o cualquier cosa que sirva para pasarla bien, sin tener que preocuparse en esos días.

Quienes adquieren sus productos en supermercados, almacenes y todo tipo de comercio formal, no tienen nada de qué preocuparse, pero no sucede lo mismo con los que para ahorrar lo más que se pueda, acuden a los puestos de venta callejeros, mercados cantonales, abarroterías, “pacas” clandestinas y tiendas de barrio, donde con toda seguridad, encontrarán lo que desean, a precios más accesibles.

Lo que no saben, es que el hecho de gastar menos en sus compras, puede representarles costos muy altos después, al momento de tener que hospitalizarse por problemas de salud, derivados de consumir productos en mal estado que ingresaron al país por cualquier “paso ciego” en las fronteras, sin cumplir ninguna regulación ni control sanitario.  O sea, de contrabando.

Tal como lo afirma la Gremial de Fabricantes de Alimentos, entre otros grupos empresariales afectados,  “esta actividad criminal trae consigo consecuencias negativas respecto a la actividad económica legal y formal del país, aparte de que provoca una competencia desleal que afecta la productividad de las empresas que sí cumplen con sus requisitos legales de tipo tributario, laboral, sanitario y ambiental”.

La entidad reitera que el Estado deja de percibir recursos por los impuestos del comercio que no se reportan ni se pagan en las aduanas y en los comercios, lo que trae como consecuencia que a menor disponibilidad de ingresos tributarios, menor  capacidad del Estado para brindar servicios públicos como la seguridad, salud, educación y justicia.

De hecho, el intendente de Aduanas declaró recientemente a ContraPoder que cada año, el fisco deja de percibir unos Q24 mil millones que los contrabandistas y defraudadores aduaneros no pagan.

Por otro lado, el impacto laboral más fuerte consiste en que solo el 30 por ciento de la población cuenta con un empleo formal y el 70 por ciento restante está en la informalidad, que se incrementa con el cierre de negocios que no pueden competir con quienes venden más barato, a raíz de que no tienen los mismos costos.

Respecto a la seguridad, también hay peligros, pues se ha demostrado que quienes ingresan artículos de contrabando al país, forman parte del crimen organizado que también trafica armas, drogas y sustancias prohibidas.

Por otro lado, las personas pueden enfermarse o hasta morir, debido a que la falta de registro sanitario en los alimentos que entran ilegalmente al país, no garantiza su inocuidad.  Además, comestibles como los lácteos y carnes necesitan refrigeración; en los huevos pueden proliferar bacterias como la salmonella; y las aves pueden venir con gripe aviar y provocar una epidemia.

Y por último, si los medicamentos son falsos o carecen de registro sanitario, los pacientes que los consuman no recibirán los efectos terapéuticos esperados, por lo que la enfermedad podría agravarse o provocar la muerte.

Entonces, la recomendación es obvia:  más vale gastar un poco más en comercios donde los productos cuentan con los registros y controles de ley, que ahorrar en lugares donde nadie se responsabiliza por los efectos que pueda causar la mercadería vencida, infectada o falsificada.  ¡Feliz Semana Santa!

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