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Depuremos el Congreso ¿y luego qué?

28 marzo, 2017 Samuel Perez

Algunos estudios contemporáneos de autoría tan diversa como el diputado y académico mexicano Agustín Basave en su libro La Cuarta Socialdemocracia, o el último informe de riesgos globales del Foro Económico Mundial –FEM- en Suiza, sugieren que actualmente la democracia enfrenta una crisis y, aunque ambas publicaciones le atribuyen causas distintas, las variables parecen complementarse más que contradecirse. Ante esta alarma Guatemala no está exenta y las instituciones democráticas, particularmente el Congreso de la República, enfrentan una crisis al menos de percepción que ha implicado una creciente demanda por una depuración. Sin embargo, estas exigencias parecen mostrar pocos consensos, y al llevarlas a la práctica podrían resultar perniciosas si no se toman en cuenta los escenarios y los pasos consiguientes a la depuración para que logre sus objetivos.

Por un lado, Basave menciona que en Latinoamérica existe una gran desilución democrática, indica que “si la queja global contra la democracia se endereza contra la atrofia de su representatividad, el reclamo en esta región es mas amplio porque engloba también su ineficacia”. Concluye indicando que si la democracia admite solo un modelo económico excluyente, la mayoría marginada rechaza la democracia. En este sentido, el autor le atribuye a las variables de representatividad y al modelo económico ortodoxo las causas para la crisis democrática.

Por otro lado, el FEM destaca que la polarización en las sociedades democráticas se agrava con la forma en la que se produce y distribuye la información. En el informe se menciona que el resultado de mantener las mismas dinámicas de los medios de comunicación e información son comunidades que buscan ideas similares para autorreforzar sus prejuicios en lugar de confrontarlos. Lo anterior termina por deteriorar la democracia, además levanta “serias interrogantes relacionadas con el capitalismo de mercado”, principalmente porque el proceso de información se enmarca en este esquema. Así, el FEM identifica en el ciclo de información y en el modelo económico las causas del deterioro del régimen democrático.

En línea con lo anterior, para Guatemala se puede identificar que tanto la falta de representatividad, el proceso de creación y distribución de información, y el modelo económico excluyente han creado un ambiente desfavorable para las instituciones que hacen operativa la democracia, principalmente el poder legislativo.

Por un lado, la falta de rendición de cuentas, el claro divorcio entre las demandas ciudadanas y la agenda legislativa, reglas del juego enmarcadas en una Ley Electoral precaria, partidos políticos incipientes y un Congreso copado por el transfuguismo como la principal traición a la confianza del votante, agravan la variable de falta de representatividad. Luego, la proliferación de páginas anónimas de propaganda y desinformación, la continuidad de alta concentración del discurso y monopolios en el mercado de medios de comunicación, campañas de desprestigio y difusión de simplismos dicotómicos, sobre todo del retrógrado eje izquierda y derecha, no hacen más que reafirmar la polarización en una sociedad que jamás ha conciliado. Y, por último, un modelo económico excluyente, mercados concentrados e ineficientes, alta inequidad y una tendencia alcista de la pobreza sostenida durante varios gobiernos que no han sabido dar respuesta, ha creado el ambiente propicio para el deterioro de la confianza en el organismo de representación: el Congreso. Por lo tanto, las tres variables que influyen en la precarización de la democracia están presentes en Guatemala.

Todo lo anterior ha sido el contexto que actualmente culmina con la exigencia por la depuración del Congreso. Sin embargo, al no estar totalmente claro el método para realizarla, el remedio puede salir más caro que la enfermedad si se opta por la versión más extrema. Primero, el escenario más radical, donde la depuración se realiza con una renuncia masiva de diputados ante presión social, el adelanto de las elecciones o como consecuencias de casos judiciales como Odebrecht, implicaría la entrada de los siguientes diputados en la lista o un proceso de elecciones con los mismos partidos. La consecuencia de esto sería un reciclaje y una eventual recomposición de fuerzas más que una depuración. Por otro lado, un segundo escenario reformista, implica necesariamente una amplia participación ciudadana, bajar las barreras de entrada en las reglas del juego vía reformas a la ley Electoral, la construcción de nuevas opciones partidarias y la renovación de la oferta electoral para las siguientes elecciones.

Este último escenario parece ser tanto el más viable como el más eficiente en cuanto a lograr los objetivos pretendidos con la depuración. Lo anterior, además, considerando que el país, de acuerdo con las recientes encuestas, parece estar atravesando por una crisis que afecta a algunas variables y no necesariamente al régimen democrático en sí mismo. En todo caso quizá eventualmente se pondrá en duda el sistema electoral o el sistema presidencialista pero no la forma de gobierno.

Por lo tanto, la demanda por la depuración del Congreso resulta una consecuencia lógica ante el agravio de variables que tienden a deteriorar la democracia. Sin embargo, resulta relevante acotar sobre la puesta en práctica de la depuración, pues puede definir el éxito o el fracaso de los objetivos pretendidos. El escenario más eficiente parece ser la depuración vía la renovación de la oferta política y una amplia participación ciudadana para el 2019. Esto daría fin a la democracia delegativa para dar paso a una democracia representativa y participativa logrando, más que la depuración en sí misma, los objetivos de cambio estructural pretendidos por esta.

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