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Duda razonable: ¿mejoró la recaudación?

20 abril, 2017 Redaccion Contrapoder

Escrito por Jorge Benavides.

Ante los esfuerzos realizados por las autoridades de la SAT para incrementar la recaudación en el país, es necesario evaluar si hubo resultados.

Titulares en los primeros meses del año registraron, como uno de los mayores logros de la gestión 2016 del gobierno de Jimmy Morales, el incremento de la recaudación tributaria por encima de la meta establecida, algo que no había sucedido en los últimos cinco años. El argumento: el logro se debió a los esfuerzos encaminados por la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), en gran medida asociados a medidas administrativas aplicadas por adeudos fiscales a personas jurídicas (i. e. cobro a empresas).

Algunos indicadores son obvios en cuanto a un mejor desempeño institucional, por ejemplo el incremento de 119,396 en el número de contribuyentes efectivos, cuando el aumento promedio en los cuatro años anteriores había sido de poco menos de 65 mil al año. Sin embargo, el tema central debe ser el incremento no solo en la recaudación, sino más enfáticamente en los Ingresos Tributarios Netos (descontando la reserva para la devolución del crédito fiscal) y la porción de estos ingresos asociados a la Recaudación Tributaria por parte de la SAT.

Un poco de historia: los años 2012, 2013 y 2014 registraron tasas de crecimiento de los ingresos tributarios y de la recaudación neta de la SAT por encima de los niveles de inflación, incluso llegando a duplicarlos. En otras palabras, un incremento real en la recaudación. A pesar de ello, en 2015 el escenario fue contrario, con un crecimiento de los ingresos tributarios netos de 1.29 por ciento, un crecimiento de la recaudación neta de la SAT de 2.11 por ciento, pero una tasa de inflación de 3.07 por ciento. En términos reales, la recaudación cayó.

Ahora bien, según la SAT, la recaudación en 2016 retomó la tendencia. Los ingresos tributarios netos crecieron 8.8 por ciento y la recaudación neta de la SAT creció 9.01 por ciento, esto combinado con una tasa de inflación de 4.23 por ciento.

Hasta aquí, el logro destacado por el presidente Morales parece digno de mencionar. Sin embargo, dentro de esta cifra se incluye un monto extraordinario cercano a los Q2,800 millones, proveniente de cobros realizados por orden de juez y acercamiento voluntarios de parte de empresas. Este monto, no solo es considerable, sino que invita a reflexionar sobre la posibilidad de esperar algo similar para los años venideros.

Regresando a las cifras, al descontar este “monto extraordinario” del esfuerzo de la SAT, los ingresos tributarios netos crecieron 3.17 por ciento y la recaudación neta de la SAT creció 3.32 por ciento; ambos valores por debajo de la tasa de inflación. Salta a la luz que la recaudación de 2016, en lugar de mejorar, disminuyó en términos reales en comparación con el año 2015.

Al contrastar estas cifras con el abrupto aumento de contribuyentes, no solo existe un punto interesante de análisis, sino que los datos no proporcionan evidencias contundentes que permitan ir más allá de la duda razonable sobre la mejora de la recaudación.

Una recaudación que cae en términos reales, sumado a un número de contribuyentes efectivos que crece el doble respecto al promedio de los cuatro años anteriores, pone en tela de duda que haya habido una mejora administrativa en relación a procesos y montos de cobro. Más allá de la docena de contribuyentes que aportaron el “monto extraordinario”, podría decirse que la recaudación no muestra mejoría.

La construcción de un país con instituciones fuertes necesita que la percepción tenga su origen en datos que corroboren la vox populi. Mi objetivo no es negar mejoras

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