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El arpa de Nerón

23 febrero, 2017 Roberto Ardon

Ante la situación que vive Guatemala, ¿actuaremos activa o pasivamente?

Foto: Luis Soto/Contrapoder
Foto: Luis Soto/Contrapoder

Uno de los episodios más dramáticos de la antigua Roma, y que normalmente se nos recuerda en las clases de Estudios Sociales, es la destrucción e incendio de la capital del Imperio romano. Quizá la estampa más impactante y de la cual hay poco soporte de evidencia histórica es la del propio Nerón, emperador de Roma, quien, a la vista de aquel pavoroso espectáculo, decidió disfrutarlo desde la terraza de su palacio imperial mientras ejecutaba al arpa una de las piezas musicales de su propia creación. El mensaje era claro: no solo no estaba dispuesto a ponerle fin, sino celebraba en algún modo que aquella calamidad sucediera. Haya o no asiento histórico en este espantoso momento, sí que es cierto que la imagen que evoca ya la hemos visto muchas veces y quizá no muy lejos en el tiempo.

Tengo la impresión, ante la vista de tantos eventos con potencial de destrucción que se multiplican a nuestro alrededor, que podemos estar presenciando las primeras llamaradas de un fuego que puede devorar a nuestra sociedad. La violencia cada vez mayor, con signos de organización y estructura como no lo habíamos visto jamás; una discusión constitucional que como campo magnético ha empujado a unos y otros a esquinas más lejanas, con un sentimiento de frustración y con signos crecientes de intolerancia; el derrumbe de estructuras institucionales carcomidas, que entre persecuciones y actos vergonzosos nos recuerdan lo necesario del recambio de nuestras élites pero que nos dejan un vacío en el abdomen de solo pensar hacia dónde vamos; y finalmente, fallos judiciales que con pocas palabras y diría yo escaso análisis deciden, por no decir guillotinan, el futuro de empleos e inversiones. Todo esto en un mismo combo parecieran ser chispa, oxígeno, pasto, acelerante y viento para contribuir a que se propague el incendio en nuestro país.

“Necesitamos quien nos organice para apagar los fuegos, no quien ponga música de arpa a las llamas de la destrucción”.

Somos un país hermoso. Con gente amable, trabajadora, sonriente y siempre dispuesta a complacer. Tenemos una geografía envidiable y una riqueza cultural y social que pocos países pueden presumir. Gozamos de un termostato natural que ha hecho que incluso aquel poeta peregrino nos dedicara una frase lapidaria: “ojalá que a Guatemala la gobernara su clima”. Tenemos una capital cosmopolita, una actividad económica que no ha dejado de crecer pese a las grandes adversidades. Tenemos color, aroma, música y vida donde pongamos nuestra atención. ¿Por qué nos empeñamos entonces en destruir lo que tenemos?

Hay muchos que a esta altura del artículo habrán empezado a reprochar, no sin justa razón, las grandes carencias que tenemos. Lo que hemos dejado ir. Lo que no hemos aprovechado. En todo esto sobra razón. Pero ello no justifica que para resolverlo tengamos que irnos a las manos. Que haya malos en una sociedad que quieran que su alma mutilada se mitigue con tantas otras almas mutilándose a su alrededor, no me cabe la menor duda. De esto en cualquier país hay. Pero me resisto a dejarles la iniciativa. Y es allí donde el título que calza esta columna cobra sentido. Es allí donde alguien con la responsabilidad de un conductor, de un líder, puede hacer o simplemente dejar de hacer.

No quiero, como en la canción de Alux Nahual El grillo y el Mar –en la que este conocido grupo nacional nos aclara al final de la tonada quien es el grillo, pero deja sugerido claramente al oyente quién es el mar– que nos pongamos a asignar el rol de Nerón a este o aquel personaje. Eso sería muy mezquino. Más bien quiero ponerlo al revés. ¿Cuáles y cuántas de nuestras élites políticas, sociales, académicas, económicas, institucionales o líderes de opinión o autoridades de poder, quieren ponerse ellas –por su pasividad, por su cerrazón ideológica, por su falta de tolerancia o simplemente por ánimo de revancha– el arpa en sus manos para empezar a ejecutar la tonada mientras todo se quema a su alrededor? Guatemala merece mucho más. Necesitamos quien nos organice a apagar los fuegos, no quien ponga música de arpa a las llamas de la destrucción.

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