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«El Chapo» Guzmán es un implacable asesino, según testigo

19 noviembre, 2018 Mario Ramirez

Cuando Joaquín «el Chapo» Guzmán Loera quiso saludar al narcotraficante Rodolfo Carrillo Fuentes después de una reunión en 2004, éste «lo dejó con la mano estirada».

Fue ahí que «el Chapo» decidió que lo mataría, contó el lunes un testigo clave de la fiscalía en el juicio del capo narco mexicano en Nueva York.

Durante casi cuatro horas, en su tercer día de testimonio, Jesús «el Rey» Zambada relató varios asesinatos cometidos presuntamente por Guzmán Loera, acusado de traficar más de 155 toneladas de cocaína a Estados Unidos durante 25 años y que puede ser condenado a cadena perpetua si es hallado culpable.

Uno de ellos fue el de Rodolfo Carrillo Fuentes, narco del cártel de Juárez, junto a su esposa Giovanna Quevedo, baleados frente a un cine de Culiacán, Sinaloa, en 2004. Sus dos hijos pequeños, que estaban a su lado, sobrevivieron.

Según Zambada, tras una reunión entre el ahora enjuiciado y Rodolfo -hermano menor de Amado y Vicente Carrillo Fuentes, líderes del cártel de Juárez-, cuando «el Chapo» quiso saludarlo «Rodolfo lo dejó ahí, con la mano estirada».

«El Chapo estaba enojado» y dijo «que lo iba a matar», porque «no aguantaba más a Rodolfo», declaró el testigo, según el relato de la reunión que le hizo su hermano Ismael «el Mayo» Zambada, cofundador del cartel de Sinaloa y coacusado en el caso contra Guzmán Loera.

Guerra para el cártel de Sinaloa

Este asesinato desató una guerra entre el cartel de Sinaloa y los Carrillo Fuentes, que vengaron la muerte de Rodolfo matando a uno de los hermanos de «el Chapo», Arturo Guzmán.

Jesús Zambada, detenido en México en 2008 y extraditado después a Estados Unidos, también relató cuando «el Chapo» ordenó, según su testimonio, el asesinato de Julio Beltrán, disidente del cartel de Sinaloa y protegido por la Policía de Durango.

Un pistolero que participó en la operación contó a «el Rey» Zambada «que lo habían acribillado a balazos y le cortaron la cabeza que le quedó colgando por un pedacito».

También contó de los planes frustrados de Guzmán Loera y su hermano Ismael para matar a un policía que no habían logrado corromper, José Luis Vasconcelos, «un alto mando de la Procuraduría General de la República (…) que no colabora con nadie y no acepta dinero de la droga».

«El Chapo», protegido por 30 a 40 pistoleros, usaba pistolas, fusiles AK-47 y hasta bazucas, y no dudaba en matar cuando lo consideraba necesario para proteger los negocios del cártel y ampliar su poder, según el testigo del gobierno.

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