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El escenario político de las reformas constitucionales

27 abril, 2017 Carlos Menocal

El eje del mal no descansa en su afán de obstaculizar el proceso de reformas constitucionales en el sector justicia.

Nada está más cuesta arriba que las reformas constitucionales planteadas para fortalecer el sector justicia. En el Congreso, la correlación de fuerzas anti-Comisión Internacional Contra la Impunidad (CICIG), anti-Ministerio Público (MP) y antilucha contra la impunidad, tienen afiladas sus espadas para aletargar, obstaculizar e impedir su aprobación.

Para esta fuerza multipartidaria, expresión de movimientos de figuras tránsfugas y perseguidas, una reforma que plantea cierto nivel de autonomía del MP y del Organismo Judicial, una mejor elección de magistrados, una separación financiera de lo judicial y mejorar la carrera judicial, por ejemplo, suena a amenaza.

Las figuras representadas en el Congreso no quieren ese cambio. Prefieren que el manto de la impunidad reine de nuevo en Guatemala. Apuestan porque está próximo un cambio de embajador de Estados Unidos y el mandato de la CICIG está en cuenta regresiva. Ambos son factores de esta fórmula perversa y prefieren tener el tiempo como su mejor aliado.

En el Congreso, la lucha es desigual. Apenas las bancadas minoritarias apoyan las reformas constitucionales y existe una timorata Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) que por momentos dice sí, pero en la práctica, algunos integrantes le guiñan el ojo al no.

En general, el Congreso está copado por la misma fuerza oscura que cambió la correlación de poderes hacia el partido oficial, el Frente de Convergencia Nacional (FCN). La fórmula y sus antecedentes son los siguientes: FCN-Nación, con diputados perseguidos por abuso de autoridad y violaciones a los derechos humanos durante el conflicto armado interno; Movimiento Reformador (MR), su principal líder es el prófugo Alejandro Sinibaldi, exministro de Comunicaciones del extinto Partido Patriota; Todos, dirigido por el clan de los Alejos; Alianza Ciudadana, su figura caciquesca, Luis Rabbé, huye luego de que se librara una orden de captura en su contra; Compromiso, Renovación y Orden (CREO), salió beneficiado, pues con esta alianza uno de sus diputados resultó electo presidente del Congreso; y el Partido de Avanzada Nacional (PAN), encarnado en el diputado Fernando Linares Beltranena, la voz más activa de oposición a CICIG.

Con esta alianza, ni las reformas ni las leyes que el país necesita avanzarán. La vieja política le apuesta al tiempo y a que de no aprobar las reformas, las aguas negras regresarán a su nivel, el mismo en que se encontraban antes de abril de 2015. Y si la presión es extrema, entonces se aprobarán con cambios profundos para que no tengan ni colmillos, ni dientes, ni instrumentos, ni herramientas para seguir en la lucha contra la impunidad. Uno de estos componentes es el eje presupuestario en donde ya el MP experimenta detrimento, debido a la escasa asignación cuatrimestral que el Ejecutivo le debe de entregar por mandato de la Ley de Presupuesto de la Nación.

Al final de la historia, también este proceso pasaría por una consulta popular en donde la falta de información y el poco debate nacional mantienen a la ciudadanía al margen, en un escenario en donde el movimiento de votos depende de los alcaldes, copados por la mayoría de partidos que juegan este movimiento perverso y oscuro. De ser así, se repetiría la historia de las reformas constitucionales planteadas en su momento, luego de la firma de los Acuerdos de Paz, en donde el No obtuvo una victoria contundente.

Las voces disonantes de la reforma constitucional, encarnadas en actores de ultraderecha conservadora, están muy activas. Han sido gastos millonarios en una campaña para desacreditar el proyecto, al tratar de vincularlo a movimientos de izquierda.

El sector conservador no ha escatimado, ni recursos, ni esfuerzos para llevar a cabo su jornada desacreditadora. Todos sus actores trabajan a tambor batiente, para que la ciudadanía se forme un criterio distinto con respecto a la propuesta de las reformas constitucionales.

Todo ocurre en medio de una ciudadanía inmóvil e impávida a pesar de lo recientemente ocurrido en Guatemala y de que sabe que tiene un Gobierno sin rumbo, un gobernante sin norte y un país que navega hacia el fracaso para sus actuales y futuras generaciones.

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