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El muro de Trump

30 marzo, 2017 Carroll Rios

El Estado de derecho y la libertad significan diferentes cosas para distintos republicanos.

Regularmente escuchamos motivos para oponernos a la construcción de un muro sobre la frontera que divide a Estados Unidos de México. La muralla entorpece el libre comercio, parece nacer del racismo, evoca malos recuerdos del muro de Berlín y la Guerra Fría, complicará el ir y venir de nuestros parientes y nuestras remesas, y aumentará la burocracia del Servicio de Naturalización e Inmigración (INS). En resumen, puede provocar daños socioeconómicos y tensas relaciones internacionales.

Cuesta encontrar defensores del muro fuera de Estados Unidos, aunque Trump ganó la elección principalmente por esta promesa de campaña. De allí la relevancia de la conferencia titulada “¿Será los Estados Unidos un mejor vecino debido al muro de Trump?”, dictada por el politólogo Dr. Christopher Manion, el  jueves 30 de marzo. Durante el gobierno de Ronald Reagan, el Dr. Manion laboró como asesor en el Senado. Ha sido catedrático en las universidades de Boston y la Católica de América, y contribuye con artículos de opinión a diversos medios católicos y conservadores. Es conocedor del republicanismo victorioso en las urnas el pasado noviembre.

La primera razón por la cual Manion favorece el muro es que se tambalea peligrosamente el Estado de derecho en los poblados fronterizos. Ahí, el caos amenaza los derechos básicos de la ciudadanía. Nota una ironía: la candidata por el Partido Demócrata, Hillary Clinton, se burló de la propuesta de Trump a pesar de poseer una residencia familiar amurallada en Chappaqua, Nueva York. De igual forma, muchas casas en México y Guatemala son protegidas por cercos y paredes, algunas hasta con picos de vidrio y alambre espigado. Tales barreras delimitan la propiedad privada y vedan el ingreso a personas no autorizadas.  Dada la inseguridad que reina en nuestros países, las  murallas son necesarias. Si legítimamente nos reservamos el derecho de admisión en nuestros hogares, ¿no debe obrar similarmente el gobierno, a nivel nacional? En ojos de Manion, la pared es parte de una estrategia más amplia para restablecer el Estado de Derecho, tanto en México como en Estados Unidos.

Segundo, Manion vuelve la vista a Europa. Turquía, por ejemplo, ha recibido alrededor de 4 millones de migrantes en años recientes. Esa experiencia le hace cuestionar la capacidad de su propio país de absorber desbordados flujos de personas.

Tercero, el conferenciante afirma, con originalidad, que el muro es bueno para América Latina. Mientras la economía al norte siga funcionando como una válvula de escape que suministra empleos e ingresos a nuestros compatriotas, los corruptos seguirán enquistados en nuestros gobiernos. No presionaremos a nuestros gobernantes para que aprueben políticas públicas conducentes al crecimiento económico, hasta que mermen las remesas. 

Me gustaría que nuestro Gobierno fuera más transparente y respetuoso de los mercados. Pero, a diferencia de lo expresado por Manion, el discurso de Trump me suena a proteccionismo nacionalista antiliberal. La militarización de la frontera, ampliar los poderes del Ejecutivo, y restringir la libre movilidad de personas, bienes y servicios parecen pasos restrictivos de la libertad.

Quizá la distancia de por medio nuble o confunda las sutiles discusiones dentro del mismo Partido Republicano. Mientras unos republicanos defienden apasionadamente los mercados libres, otros promueven un régimen estatal grande y poderoso. ¿Puede el proteccionismo estadounidense provocar apertura económica en América Latina? ¿A qué costo? Quienes se preocupan por el Estado de derecho y la libertad, como es el caso de Christopher Manion, abogan por límites efectivos al poder arbitrario de todos los Gobiernos.

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