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El ocaso de un sistema electoral

11 mayo, 2017 Estuardo Gasparico

Antes de 1984, se sabía que los partidos políticos servían de fachada de los gobernantes militares. pero después, la situación empeoró.

“…Entre 1984 y 2015, se contabilizaron 68 partidos, 776 diputados y 2,378 alcaldes; con duraciones medianas de 7.4, 5.7 y 4.7 años. Contrario a lo que se esperaría, en general, los partidos han durado más que los diputados y alcaldes, a pesar de lo visible que son las reelecciones consecutivas de algunos de ellos.

La tasa de riesgo de no sobrevivir un evento electoral es 71 por ciento, mayor para los diputados que para los partidos, y 145 por ciento mayor para los alcaldes que para los partidos. Esto implicaría que el electorado debe reevaluar qué plataforma política le ofrece mayor capacidad, para asegurar que sus intereses sean representados: la institucional o la individual”.

Esas solo son dos de las múltiples afirmaciones y conclusiones del estudio “Supervivencia de los partidos políticos, diputados y alcaldes en Guatemala, desde 1984”, elaborado por la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asíes) en noviembre del año pasado y que sirvió de base para nuestro tema central de esta edición.

Si usted tiene 40 años de edad o más, seguramente recuerda siglas de partidos políticos muy tradicionales y de trayectoria como la Democracia Cristiana de Guatemala (DCG), con la que llegó a la Presidencia el exmandatario Vinicio Cerezo Arévalo.

Si ya es un poco mayor, talvez le dicen algo las siglas MLN, PID, FUN y varios otros que identificaban a agrupaciones políticas que solo servían de fachada a los exgobernantes militares de las décadas 70 y 80, porque ya se sabía que el ministro de Gobernación de hoy, sería el presidente de mañana.

Pero esto es lo único que ha cambiado de 1984 a la fecha, pues como indica Asíes, después de 30 años desde la transición de Guatemala a la democracia en 1985, el sistema de partidos políticos aún muestra debilidades para servir de intermediario entre las necesidades de los ciudadanos y la toma de decisiones en el Estado.

Entre las principales debilidades de los partidos guatemaltecos identificadas por Asíes está su corta duración: “La mayoría desaparece después de siete años y medio y con ella, los acuerdos a los que se comprometieron sobre cómo el Estado cumpliría su función de proveer seguridad, justicia, condiciones para el crecimiento económico, salud, educación y el bienestar que la sociedad demanda”.

Y ese es un problema que persiste, lo que se evidencia en que los ciudadanos ya no emiten su voto por un proyecto político con ideología, sino por candidatos que mercadean sus características personales, las que refuerzan con promesas que no van a cumplir y no solo lo saben, sino que lo hacen saber.

Por supuesto que estamos hablando de las opciones que cada año se presentan para elegir presidente, vicepresidente y alcaldes, pues en el caso de los diputados, la gente vota completamente a ciegas y muy pocos saben que al emitir su sufragio por un partido, automáticamente están eligiendo a candidatos al Congreso de la República que en la mayoría de los casos, no llenan ningún perfil para convertirse en lo que debería ser un verdadero diputado.

Cabe preguntarse si el sistema político de Guatemala, basado en una “partidocracia” carente de representatividad ciudadana, ya está en el ocaso y a punto de desaparecer, devorado por sí mismo. De hecho, resulta interesante ver cómo la corrupción, la aparente impunidad, las luchas de poder y el ansia de enriquecimiento fácil han llevado a muchos partidos y sus representantes al colapso, lo que incluye no solo la desaparición de la “marca” partidista, sino el enjuiciamiento de sus máximos representantes.

Ojalá que la tendencia, como un proceso natural de autodepuración, dé paso al diseño de un nuevo modelo para ejercer los derechos de elegir y ser electos a un cargo público.

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