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El plan de la subida

3 febrero, 2017 Rolando Archila Marroquin

Mucho se ha escrito y hablado en torno a lo sucedido el 31 de enero de 1982 en la embajada de España, principalmente, por grupos políticos que directa o indirectamente tuvieron que ver con el suceso. Ese día, dentro de las coordinaciones que habría que hacer para celebrar un Congreso Iberoamericano de Notariado, los abogados Eduardo Cáceres Lennhoff, Adolfo Molina Orantes y Mario Aguirre Godoy, estarían en la sede diplomática para hablar con el embajador español Máximo Cajal. Curiosamente, la guerrilla y el Comité de Unidad Campesina ( CUC ) que participaba de las acciones subversivas, conocedores de la situación decidieron tomar por la fuerza la embajada con fines propagandísticos. Antes de las ocho de la mañana se reunieron en la Universidad de San Carlos, estudiantes guerrilleros y los campesinos del CUC. Se habían preparado para esa acción. Llevaban comida para varios días, mantas y megáfono, pistolas y bombas molotov. La guerrilla elaboró el “Plan de la subida“ (para tomar la embajada) en donde se daban instrucciones precisas sobre la conducta a seguir escritas en una hoja que, pese a tener establecido que debería destruirse, fue encontrada en algunas mochilas junto con lo que llevaban.

De la universidad, se movieron en grupos en autobuses urbanos hasta la Plaza 626 en la zona 9, de donde se fueron a pie hasta la embajada. Los designados entraron al edificio sin problemas armados de pistolas, ya que el guardia que siempre cuidaba la entrada no estaba. Después de asegurar el objetivo entraron los otros grupos y empezó la acción de propaganda. Pronto los alrededores se vieron llenos de policías, bomberos, periodistas y curiosos. Cuando la policía entró al jardín y pretendió abrir la puerta de la entrada, los ocupantes de la embajada tomaron de rehenes a cuantos estaban y bajo amenazas los llevaron al despacho de Cajal en el segundo piso.

El licenciado Aguirre Godoy, aprovechó la confusión del momento y se escabulló entrando a otra habitación, lo que le salvó la vida. El resto fue a parar a la oficina del embajador Cajal. Los intrusos cerraron la puerta acuñándola con el sofá. Al llegar las fuerzas de seguridad y querer abrir la puerta, los guerrilleros tiraron las bombas molotov sobre ella y se inició el incendio. En ese momento, según su relato, Cajal saltó sobre el sofá y logró salir con algunas quemaduras. Los guerrilleros que iban armados dispararon a la puerta y también a la espalda a Cáceres Lennhoff y Molina Orantes. La alfombra y los muebles hechos de telas sintéticas sirvieron para propagar la ignición iniciada por las bombas compuestas de gasolina y aceite. Los disparos a la puerta, los balcones en las ventanas y la voracidad del fuego dificultaron apagarlo a tiempo.

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