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El Presidente no da una

3 marzo, 2017 Rolando Archila Marroquin

De todos es sabido que desde el principio el presidente Jimmy Morales, mantiene la tendencia de atacar a la prensa nacional y culparla de cuanto se le antoja. El colmo, fueron sus recientes declaraciones acerca de los rumores sobre un golpe de Estado que el propio Jimmy Morales inició cuando le pidieron un comentario a las declaraciones del Vicepresidente en torno a la violencia.

Como es natural, los reporteros de los medios buscaron otras fuentes calificadas dentro del ámbito de la seguridad nacional para conocer más sobre las declaraciones presidenciales y éstas fuentes afirmaron que no existe algo por el estilo. Sí alguna persona puede tener información veraz sobre la seguridad del Estado, es el presidente, por lo que resulta bochornoso que acuda a esas salidas sin base alguna al acusar a los medios y la prensa en general de ser los causantes de esos rumores.

Generalmente, a los gobernantes no les gustan las críticas, sobre todo, cuando existen claras ausencias de directrices, planes o políticas de Estado como sucede en la actualidad y al ser señaladas, acuden a hacer acusaciones totalmente infundadas para justificar lo que pasa. Lo real es que la violencia provocada por las maras sigue creciendo y el gobierno no ha sido capaz de detenerla y no hay tal desestabilización. En otro caso lo que existe es una confrontación que nos está llevando a la polarización por la tendencia manifiesta de querer a toda costa lograr las reformas constitucionales y las aberraciones contenidas en ellas, en tanto sectores que favorecen los cambios violan las leyes y la constitución ante la pasividad del gobierno de aplicar sanciones por esos ilícitos.

En los casi tres años que quedan, existe la posibilidad de cambiar el rumbo que llevamos que sería la forma en que el gobierno debería encaminar sus actividades, otorgando certeza jurídica a las inversiones para crear más y mejores fuentes de trabajo y que los otros poderes del Estado afiancen la institucionalidad menoscabada por acciones inconsecuentes como el caso de las hidroeléctricas y la impartición de justicia o las situaciones tenebrosas que se manejan en el Congreso.

La pretensión de descalificar a la prensa nacional, se cae por sí sola por carecer de fundamentos y nos hace creer que la pobreza de argumentos en las acusaciones no es otra cosa que un real disparate.

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