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El sistema y las tragedias de tres semanas recientes (I Parte)

30 marzo, 2017 Mauricio Chaulon

Los sujetos más vulnerabilizados desde lo etáreo son la niñez, la juventud y la tercera edad. En estas últimas tres semanas ha quedado más que evidente: primero, el crimen en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, con más de cuarenta niñas asesinadas en un incendio; luego, el motín en el Centro Juvenil de Privación Etapa 2, a cargo de la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia; al día siguiente, la muerte de Concha Deras, de 87 años, a causa de la brutal golpiza que hombres que allanaron su residencia le propinaron, lo cual constituye un homicidio. En Guatemala, estas tragedias son históricas no sólo por su triste relevancia, sino también porque forman parte de un proceso de racionalización del Estado y, por ende, del sistema hegemónico. En la guerra interna fue lo peor.

El Estado terrorista contrainsurgente, utilizando el anticomunismo como vehículo ideológico de legitimación, asesinó a mujeres por ser las dadoras de vida, la madre tierra consciente. Asesinó a niñas y niños, por ser considerados las semillas de los “indios comunistas y guerrilleros”. Mató ancianas y ancianos porque en ellos estaba el conocimiento ancestral. Esa forma estatal creó instituciones para llevar adelante el genocidio, el etnocidio y el rompimiento del tejido social, siendo los más golpeados niños, niñas, jóvenes, mujeres, ancianos y ancianas. Y, por supuesto, pertenecientes en su mayoría a los pueblos originarios.

No es casual que en los casos del Hogar Seguro Virgen de la Asunción y del Centro Etapa 2 la mayor parte de jóvenes tengan apellidos indígenas y pertenezcan a sectores populares empobrecidos. Tampoco que Conchita Deras haya trabajado en Bienestar Social durante el gobierno de Jacobo Árbenz, habiendo sido de las primeras mujeres trabajadoras sociales que fomentó una política pública sustancial para el desarrollo de la infancia y la juventud. La única realmente, porque luego de eso el Estado anticomunista, contrainsurgente y terrorista –y ahora neoliberal- se ha ensañado contra ellas y ellos, incluyendo la tercera edad. La mayoría de muertes en estas luctuosas tres semanas han sido de mujeres. Femicidio el del 8 de marzo en el Hogar Virgen de la Asunción. Femicidio el de Concha Deras. Femicidios de Estado y de sistema, porque este es un Estado que no dialoga, que no escucha, que no está dispuesto a encontrar ni a construir políticas públicas de beneficio social. La niña y el niño mestizos empobrecidos y ya no digamos indígenas, históricamente, han sido explotados. Para eso sí existe una institucionalidad que funciona a la perfección. La institucionalidad de la finca y de la división social del trabajo.

Las y los jóvenes en condiciones de empobrecimiento y de racismo son enviados a sub empleos, sin condiciones mínimas de seguridad. Y si eso es así en el llamado “goce de los derechos civiles”, ¿cómo será en la privación de libertad? No existe una estructura institucional para salvaguardar derechos de niños, niñas, jóvenes y ancianas y ancianos en Guatemala. Están las oficinas que se deben encargar de eso, pero sin funcionar para que funcione el sistema. Es decir, no funcionar también es otra forma de ser del Estado en beneficio de un andamiaje y maquinaria de explotación, dominación y hegemonía.

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