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En dos años, nada ha cambiado de fondo

27 abril, 2017 Carlos Morales

Los políticos siguen siendo los mismos y sus prácticas, cada vez más descaradas y desleales con su pueblo, pese a las presiones populares.

Hace dos años, los guatemaltecos inundábamos la Plaza de la Constitución. Pero este fenómeno, que llegó a conocerse popularmente como La Plaza, no se limitó a la ciudad capital; las plazas centrales de las cabeceras departamentales también se inundaban de pobladores descontentos con el régimen del Partido Patriota, encabezado por Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti.

Al final de ese capítulo, la pareja presidencial terminó guardando prisión, acusada de múltiples delitos, pero sobre todo, los relacionados con actos de corrupción que se evidenciaron en enriquecimiento ilícito. Junto a ellos también están encarcelados otros personajes políticos y empresariales, en procesos judiciales que aún no concluyen y que han encontrado una serie de tropiezos, porque las leyes locales así lo permiten.

Pero, ¿qué ha cambiado, además de lo narrado con anterioridad? Absolutamente nada. Los políticos siguen haciendo de las suyas y lo que les viene en gana, favorecidos por un marco jurídico que les da ventajas y que ellos se niegan a reformar para permitir cambios reales.

Se habla de una nueva política pero, en realidad, de eso no hay absolutamente nada. Lo que seguimos viviendo es la misma práctica política, corrupta y abusadora de siempre. Y los mejores ejemplos podemos verlos en una Ley Electoral y de Partidos Políticos sin cambios profundos y solo superficiales. También en los múltiples intentos de aprobación de leyes que favorecen a sus intereses, los de sus amigos o los de sus financistas, como se ha pretendido con la denominada ley ganadera, que en realidad se extendía para favorecer a todo el sector agropecuario para liberarlo del pago de impuestos.

También en la intentona de una ley que pretendía legalizar la impunidad para todos aquellos involucrados en actos de corrupción durante los últimos 10 años; es decir, durante las últimas tres administraciones gubernamentales.

Mientras tanto, se mantiene empantanada una iniciativa de reforma constitucional que si bien no es la mejor, pretende en el fondo fortalecer el sistema judicial del país, al que buena falta le hace. O bien ha refundido en el baúl de los recuerdos iniciativas como la de una ley de competencia que regularía de mejor manera el actuar empresarial.

Los políticos, junto a sus financistas, se han encargado de que las cosas se mantengan igual. Nada en el fondo ha cambiado. Con suerte hemos visto algunas acciones que nos ilusionaron con pensar que de verdad creábamos una nueva Guatemala.

Las mafias organizadas se reestructuran, se reconfiguran para evitar ser tocadas en sus cimientos, pues saben que si se llega a ese punto, entonces sí podrían tener problemas y se facilitarían los cambios que les arrebatarían el poder político y económico que ostentan.

Por eso es que buscan a toda costa deshacerse de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) o del embajador de los Estados Unidos, acusándolos de entrometerse en asuntos internos. Pero ¿en qué realmente se están metiendo si no es en lo que el mismo Estado de Guatemala pidió que hicieran?

Respeto, por supuesto, a todo aquel que no piensa en esta línea. Todos tenemos derecho a pensar como se nos venga en gana. Pero personalmente me parece que la CICIG está haciendo su trabajo y que el embajador Robinson, no hace sino cumplir con la política que su país establece para Guatemala. Y creo que por esta vez, se trata de apoyar la lucha contra la corrupción y apoyar la transparencia, porque ya están cansados de darnos y darnos dinero de sus contribuyentes, para que los políticos guatemaltecos se lo roben.

Esos son los únicos cambios reales que hemos visto en este país. Porque los políticos siguen siendo más de lo mismo. Así que no hay tu vieja política, sino simplemente la misma política de siempre. Y de la nueva política, ni señas. Creo que este término quizás algún día pueda usarse, cuando cambiemos de mentalidad de manera comunitaria y pensemos todos en la consecución del bien común.

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