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Fracasó el socialismo

19 mayo, 2017 Carroll Rios

Mis amigos venezolanos sienten que su país ha tocado fondo mil veces y la pesadilla no termina.

En las largas jornadas de protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, decenas de jóvenes manifestantes han muerto: arrollados por tanquetas, baleados o intoxicados por bombas lacrimógenas. Se suman a ellos cientos de heridos y más de 150 mil refugiados tan solo en este último año. En marzo, supimos por el propio Gobierno que escasean los pasaportes debido a los mares de ciudadanos queriendo abandonar el territorio nacional. Se estima que desde 1999, más de dos millones de venezolanos han tenido que radicarse en otros países.

¿Qué duda cabe que la Revolución fracasó como proyecto político y económico? Pasa hambre aquella nación próspera, a la cual en mejores tiempos migraban personas de los países vecinos, en busca de un futuro dorado. Según el Fondo Monetario Internacional, la economía se ha encogido en 27 por ciento desde el 2013. Se importan 70 por ciento menos alimentos que antes. Una encuesta nacional revela que dos terceras partes de la población perdieron un promedio de 19 libras el año pasado. Me impresionaron las declaraciones a NBC News de un residente de Caracas, según las cuales muchos compatriotas están tan famélicos, que comen de los basureros.

Hasta los medios noticiosos con tendencias de izquierda, reconocen que la economía de Venezuela es un desastre. Decrecimiento, recesión, hiperinflación, corrupción y un agudo desabastecimiento de los productos más básicos son términos utilizados para describir el día a día económico.

En lugar de alcanzar la promesa socialista de eliminar la pobreza e igualar las condiciones de la ciudadanía, el resultado es la pauperización generalizada. Por años, Hugo Chávez presumió de que había paliado la pobreza, pero el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) de Venezuela recién publicó que ahora, 1 de cada 3 personas es pobre, mientras hace un año únicamente, uno de cada cuatro lo era.  Como observa la revista Foreign Affairs: constituye un “desarrollo significativo” que los burócratas aporten pruebas de su incapacidad.  Las empresas estatales y las políticas públicas sirven para controlar políticamente a la población, para comprar lealtades y para corromper, no así para ayudar a los indigentes.

Como escribió el economista Benjamin Powell: “La verdad es que las políticas socialistas de Venezuela impidieron el crecimiento económico durante el boom petrolero y ahora son causa directa de su colapso… un estudio académico muestra que el desempeño de la economía bajo Chávez no fue lo impresionante que se pensaba…”. La situación que atraviesa Venezuela hoy no es culpa de Estados Unidos o Europa, ni del populismo, pues el proyecto boliviarano siempre fue socialismo puro y duro.

La represión política es inocultable. Nadie puede defender la centralización del poder, la anulación del Congreso, las persecusiones de opositores y la manipulación de la Constitución y la democracia. Al fin, catalogan como dictador a Nicolás Maduro, figuras como el secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro; el presidente de Argentina, Mauricio Macri, y el arzobispo de Caracas. En posesión de armas y poder, Maduro dice que no le importa que así le llamen y anuncia su salida de la OEA.  Ed Krayewski de Reason.com dice “la transformación de socialismo a dictadura, jamás debió ser una sorpresa”.

Nicolás Maduro convocó a una Asamblea Nacional Constituyente; la mayoría opositora en el Legislativo dijo que era una maniobra ilegal y usurpadora del poder. ¿Quién realmente creerá que esta medida logre reestablecer el orden y la paz? Es obviamente una estrategia para aferrarse al poder, contra la voluntad de la vasta mayoría de venezolanos.

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