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Nuevo estudio reveló una extraña fusión de la Vía Láctea

26 julio, 2019 Mario Ramirez

Hace unos 10.000 millones de años, la Vía Láctea se veía muy diferente de la galaxia que hoy es hogar de nuestro sistema solar. Para crecer a su enorme tamaño actual, la Vía Láctea probablemente consumió una galaxia enana en su edad más joven, según un nuevo estudio.

Cuando el universo estaba en su infancia hace 13.000 millones de años, las estrellas se estaban formando rápidamente, lo que llevó a la creación de las primeras galaxias enanas. Las galaxias enanas contienen entre 100 millones y varios miles de millones de estrellas; la Vía Láctea ahora alberga entre 200.000 millones y 400.000 millones de estrellas.

Una buena fusión

Las galaxias enanas se fusionaron en el universo temprano para formar las galaxias más grandes que lo pueblan hoy, incluida la Vía Láctea.

Pero decodificar la línea de tiempo de la Vía Láctea ha tomado tiempo. Ahora, usando datos del telescopio espacial Gaia, los investigadores pueden armar el rompecabezas del pasado de la galaxia. Un estudio que incluye los datos fue publicado el lunes en la revista Nature Astronomy.

Los investigadores pudieron usar el telescopio espacial para mirar hacia atrás en el tiempo en las etapas iniciales de la formación de la Vía Láctea, tomando medidas exactas de sus estrellas para comprender la distancia, el brillo y la posición.

La Vía Láctea tiene un halo galáctico, que los astrónomos creían que tenía al menos dos componentes, uno que contenía más estrellas azules y el otro que contenía más rojo. Las estrellas azules actuaron como evidencia. Cuando los investigadores los midieron, se dieron cuenta de que las estrellas eran en realidad los remanentes de una galaxia enana conocida como Gaia-Enceladus.

“El análisis de los datos de Gaia nos ha permitido obtener la distribución de las edades de las estrellas en ambos componentes y ha demostrado que las dos están formadas por estrellas igualmente viejas, que son más antiguas que las del disco grueso”, dijo el estudio. el autor Chris Brook, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias.

La composición de las estrellas ayudó a diferenciarlas.

“La pieza final del rompecabezas fue dada por la cantidad de ‘metales’ o elementos que no son hidrógeno o helio, en las estrellas de uno u otro componente”, dijo Tomás Ruiz Lara, también coautor del estudio e investigador en el Instituto de Astrofísica de Canarias. “Las estrellas en el componente azul tienen una cantidad de metales más pequeña que las del componente rojo”.

Las estrellas se formaron en dos sistemas: la galaxia que se convertiría en la Vía Láctea y la galaxia enana Gaia-Enceladus. La Vía Láctea primitiva era cuatro veces más masiva y contenía más metal.

Hace unos 10.000 millones de años, las dos galaxias colisionaron violentamente, y Gaia-Encelado se convirtió en parte de la Vía Láctea. Las estrellas de ambas galaxias se pusieron en movimiento, formando el halo alrededor de la Vía Láctea que existe hoy en día.

La fusión caótica causó violentos estallidos de formación estelar que duraron 4.000 millones de años. Finalmente, el gas de la galaxia creó un disco delgado que aún mantiene. Las estrellas todavía se forman en esta región de la Vía Láctea.

“Hasta ahora, todas las predicciones y observaciones cosmológicas de galaxias espirales distantes similares a la Vía Láctea indican que esta fase violenta de fusión entre estructuras más pequeñas era muy frecuente”, dijo el coautor Matteo Monelli, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias.

Ahora, gracias a los datos de Gaia, los astrónomos tienen una imagen más completa del pasado de nuestra galaxia.

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