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Héctor Chuc: “Cuando le cayó el rayo extendió los brazos, empuño sus manos y se fue de espalda”

21 mayo, 2017 Paolina Albani Diario Digital

Un domingo de mayo dos hermanos originarios de Livingston, Izabal, salieron a pasear en su lancha. De regreso, notaron que habían fuertes vientos, pero decidieron seguir su camino a través de Río Dulce. Minutos después uno de ellos fue impactado por un rayo. Este es el relato del único sobreviviente, Héctor Raúl Chuc.

La historia inicia el 14 de mayo de 2017, Chuc cuenta que su hermano Erick Aroldo Chuc Ical de 17 años, había llegado a su casa para quedarse una temporada. Ese día salieron a un balneario, pero solo Héctor regresó. Tras 36 horas de búsqueda las autoridades dieron con su cuerpo.

Pudieron ser cuatro

Foto: Ejército/ Twitter.
Foto: Ejército/ Twitter.

“Nos estábamos bañando con la familia, mi esposa, mis hijos y mi hermano. Luego de una hora yo retome de nuevo el rumbo de la lancha. Ibamos a la casa cuando de repente nos cae un centellazo del cielo.

Solo escuché el sonido y vi una luz, pero quedé consciente. Físicamente no estaba bien, pero tenía esa mentalidad de que tenía que estarlo porque a mi hermano le había pasado algo peor”, relató.

Aunque en un principio Canal Antigua Digital reportó que Héctor y Erick eran padre e hijo por información de la Infantería Marina del Ejército, el primero corrigió la información. Erick era el más pequeño de seis hermanos, cuatro varones y dos mujeres.

Cuando empezamos a navegar éramos cinco. Cuando mi hermano tomó el mando de la lancha, sintió un viento bastante fuerte y no se pudo despegar del muelle. Por temor a eso quiso esperar a que pasará, pero como tengo más costumbre le dije que no se iba a calmar”.

Entonces, un amigo le ofreció llevar a su esposa e hijos a la casa. “Me dijo: me llevo a tu familia y tu ve con tu hermano para que llegues más luego, pero nadie se imaginaba lo que nos tocaba, porque sino hubieran sido cuatro los que yo hubiera perdido”.

El que debió ser afectado debí de ser yo, porque yo iba cerca del motor, iba en la parte de atrás, donde habían muchas piezas de aluminio. Pero no fui yo, sino él, iba sentado en la punta de la lancha, era una lancha inflable. No llevaba ni monedas ni teléfono ni nada para decir que algo atrajo el rayo. Es algo que es inexplicable, que solo Dios sabe porqué lo hizo.

Cuando le cayó el rayo, extendió los brazos, empuño sus manos y cayó de espalda. Agarré sus pies, intentando ayudarlo, pero sentí una descarga en mi brazo que yo sentí que me lo arrancaba en un segundo.

Lo suelto y quise agarrarlo otra vez, pero ya no puede hacer nada porque su cuerpo se estaba yendo bajo la superficie. Ya no lo pude alcanzar. La corriente se lo empezó a llevar y me quedé sin poder hacer nada.

Don Guli, un amigo, logró vernos. Salió a ayudarnos, le conté lo que había pasado. Llamó a la marina para que nos ayudaran”, relató.

Lo vi caer y supe que no había nada que hacer

Foto: Ejército/ Twitter.
Foto: Ejército/ Twitter.

Aunque una dura realidad, Héctor supo que ya no vería a su hermano con vida. “En el momento que yo veo que cae al agua era claro para mí que no se podía hacer otra cosa, solo hallar el cuerpo. No quería dejarlo perdido allí en la nada, tenía que encontrarlo no importa cómo, para velarlo y darle una sepultura normal”, contó.

La familia de los Chuc supo del accidente la misma noche. “Nuestros papás nos abandonaron cuando éramos pequeños, él se crió con mi abuela y una tía”, soltó Héctor con evidente pena.

“Él se quedó una semana conmigo, en mi casa. Estaba paseando y trabajando. Yo me sentía responsable por eso. Lo seguimos buscando por 36 horas continuas hasta saber algo más sobre él. Fue hasta el 16 de mayo que un amigo de la familia dio la información a la Infantería Marina de haber visto el cadáver flotando en el agua”.

“Él quería aprender de todo”

Foto: Ejército/ Twitter.
Foto: Ejército/ Twitter.

Su hermano lo recuerda como a alguien con ganas de aprender de todo. Pese a que Erick dejó de estudiar a los 16, se había decidido por trabajar cuando cumplió los 17.

“Vio que trabajaba en reparación de barcos y pintura de lanchas me dijo: yo también quiero aprender lo mismo que tú haces. No había trabajado nada igual y cuando lo vio me dijo que le gustaba porque yo dejaba las cosas como nuevas.

Como me salen lanchas para pintar aproveché para que me ayudara y al mismo tiempo iba a aprender a trabajar. Yo le enseñaría cómo se trabaja la reparación de fibra, ya después yo solo iba a pintar. Eso era lo que yo quería con él, pero ya no va a ser así”.

“Trabajó antes, como ayudante de carpintería con un familiar. Me contaban que cualquier trabajo que le proponían, lo hacía e intentaba hacerlo lo mejor que se podía”, dijo con orgullo.  “Era muy poca la costumbre de vernos, yo iba a visitar un día o una noche y me retiraba por cuestiones de mi trabajo nunca tuve mucho tiempo para él”, se lamentó.

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