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Imprescindible

3 julio, 2017 Federico Cruz

La semana pasada asistí a la presentación de un libro por demás interesante. El autor es un amigo y compañero de la Universidad, licenciado en Filosofía y doctor en Antropología Social, con el que desde hace muchos años compartimos intereses y aficiones. Es curioso porque nuestros encuentros rara vez se suscitaron en restaurantes o cafés, por lo general quedamos en parques o en la propia calle, así caminamos al tiempo que íbamos hablando, intercambiando puntos de vista, pedantería intelectual aparte, en torno a infinidad de asuntos ligados a la filosofía, la historia, la psicosociología y los hábitos de las gentes de nuestro tiempo.

Reconozco que en un principio, las primeras veces que quedamos, me chocó que quedásemos en la calle o en el parque. Qué mala costumbre la que tenemos los “modernos” de reunirnos en cafés, bares o gastro-bars cuando en determinadas ciudades, por dicha, contamos con la privilegiada opción de los parques y de poder caminar por las calles sin temor a que nos ocurra nada. De hecho, hasta puede uno aventurarse en el extrarradio y aprender a ver la ciudad desde otras perspectivas, con otras miradas, desde otros límites filosóficos y crecer intelectual y espiritualmente. Imponerle aún más valor simbólico a la “quedada” con el colega.

Mi amigo lleva más tiempo que yo recorriendo, desde mi punto de vista, el camino más complejo pero más satisfactorio que existe que es el del autoconocimiento y la expiación filosófica. Yo he sido lento para todo en la vida, para madurar, para encontrar mi vocación, en fin, para muchas cosas, suelo justificarme diciendo que nací barroco, a merced del tiempo lento. Sin embargo, él decidió enfrentar y gestionar la angustia producida por la amplitud del mundo que se despliega ante nuestros ojos, vital, faraónica y fundamental tarea que poquísimos consiguen superar, y hoy ese riesgo asumido empieza a reportar frutos. Está de más decir, que siento admiración por el trabajo que ha realizado Iñaki, que mí compañero de caminatas haya llegado tan lejos me produce una enorme satisfacción y me impele a moverme, a conocerme y a expiarme más a menudo y con mejor intensidad. Me he leído su libro en dos días y me parece sensacional, tan actual, tan interpelante y escrito con una naturalidad que estremece. Ni hablar de lo amena que resulta su lectura.

Iñaki Dominguez, mi amigo, dio por titular su libro “Sociología del Moderneo”, aunque el mismo engloba pinceladas -interesantísimas y necesarias de reinterpretar- como la fenomenología, a la economía, al psicoanálisis, a la antropología, la sociología y a la rabiosa cultura del consumo que copa todos los espacios de la vida moderna. Quiero decir que el título del libro se queda corto ante lo transversal de su contenido. No sé si irá a estar disponible en Guatemala, pero en línea probablemente lo podrán encontrar. Estoy seguro que no dejará a nadie indiferente y, les juro muchá, tenemos harta necesidad del mismo.

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