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¿Informamos, alertamos o violamos la ley?

9 junio, 2017 Carlos Morales

Seguro no es mala fe y más bien son acciones involuntarias, pero los periodistas también solemos violar la ley en nuestro trabajo.

En el afán de transmitir primicias, como si la inmediatez lo fuera todo, algunos periodistas solemos cometer múltiples errores, cuyos efectos negativos pueden ir desde estropear diligencias judiciales, hasta mancillar el nombre de una persona.

No se trata por supuesto de prácticas que impliquen dolo, aunque al final de cuentas sí terminan generando problemas colaterales a la sociedad.

Es común, por ejemplo, que durante las mañanas, ya sea a través de transmisiones en directo o bien por redes sociales, los medios de comunicación o sus reporteros emitan informaciones en torno a allanamientos que efectúan en conjunto el Ministerio Público (MP) y la Policía Nacional Civil (PNC). Por supuesto que no hay ninguna ley que lo prohíba. Pero el razonamiento lógico nos dice de inmediato que hacerlo, puede alertar a los delincuentes que son buscados y así, se facilite su fuga. Luego vendrá la crítica contra la autoridad, por no haber sido efectiva en la búsqueda, aunque buena parte de la falla esté en nosotros mismos.

Común es que al amanecer se revisen las redes sociales y en estas se reflejen informaciones sobre puntos geográficos y causas por las que se efectúan allanamientos. Oficialmente, me consta, esa información no es facilitada por el MP ni por la PNC. Sin embargo, algunos periodistas nos sentimos orgullosos de haber burlado esa secretividad al conseguir fuentes no oficiales que, dentro de las mismas instituciones, por alguna razón quieren quedar bien con nosotros y nos facilitan información que debe ser confidencial.

La administración de las fuentes y de la información que nos facilitan, no debe ser realizada de la misma forma en todos los casos. Habrá algunos en los que sí debemos enorgullecernos de haber conseguido la información, pues hay quienes tratan de ocultarla para no revelar asuntos anómalos o nombres de personas que actúan fuera de la ley. Pero en el caso de los allanamientos, esto no debiera suceder.

Otro caso es el de informar sobre capturas de personas que aún no han sido presentadas ante un juez. Esto sí está normado por el artículo 13 constitucional y aun cuando el precepto jurídico se refiere a un accionar de la autoridad, la cobertura de esos hechos, en mi criterio, nos hace cómplices del ilícito.

Casos ejemplares los hay por montones. Pero me referiré a la reciente captura del exviceministro de Economía, Enrique Lacs Palomo. Casi de inmediato a su detención, los periodistas fueron alertados del suceso. Según el presentador de un radionoticiero matutino, una colega le habría contado vía WhatsApp que ella fue alertada por un mensaje de texto, de que el hecho se daría.

Al final, resultó que la orden con la que se capturó a Lacs Palomo era un documento falso y por lo que se ha revelado de las primeras pesquisas, detrás de la emisión de esa orden de captura podría haber toda una red clandestina que logró engañar a las fuerzas de seguridad.

Y un tercer caso, el cual guardo muy fresco en la memoria, es el del momento en que en un tribunal se efectuaba la declaración de un testigo protegido. En una radio escuché cuando el reportero que cubría el hecho en el tribunal y el presentador que conducía el programa desde la cabina de la emisora, insistían con el vocero del Organismo Judicial para que les proporcionara el nombre del testigo. Por la noche, en un telenoticiero observé cómo camarógrafos de televisión y de prensa escrita buscaban la forma de obtener imágenes de quien prestaba la declaración. Otra vez, recurramos a la lógica. Si la ley nos dice que es un testigo protegido y se nos prohíbe el acceso a la cobertura de este tipo de declaraciones, es porque la autoridad busca proteger la integridad física de esa persona; entonces, demás está justificar por qué no debe insistirse en obtener o revelar su identidad.

Los periodistas, como se ve, también cometemos errores. Y en nuestro caso, es mucho más lamentable, pues se supone que trabajamos con un criterio de alto nivel. Pero como dicen, errar es de humanos y de sabios es enmendar. Tenemos que trabajar en pulir nuestra solvencia moral, para poder criticar a los demás sin colas que nos pisen.

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