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Cinco torpezas que dañaron el patrimonio de la humanidad

3 febrero, 2018 Redaccion Canal Antigua

Como Jainer Jesús Flores fue identificado el piloto de un camión en Perú que causó daños irreparables a los milenarios geoglifos del sur de Perú, conocidos como Líneas de Nazca, declaradas Patrimonio de la Humanidad, cuando trató de evitar un peaje de la carretera Panamericana y no respetó las señales de prohibición de ingreso.

 

Flores no ha sido el único que ha arruinado patrimonios culturales o recursos turísticos. A continuación les presentamos casos similares.

Albañiles se equivocan 

En 2012, el propietario del Chateu Bellevue, un palacio del siglo XVIII ubicado en una región de Francia, contrató a una empresa para remozar la propiedad, que incluía el derribo de una pared. Los albañiles confundieron los planos y demolieron otra área. El dueño estaba fuera del país y cuando regresó encontró un agujero y un espacio libre de varios metros cuadrados. El edificio había sido declarado patrimonio nacional.

Tropezón contra obra de arte

Un niño taiwanés de 12 años paseaba por la exposición El rostro de Leonardo, cuando por distraído tropezó contra una tarima y para no caerse se apoyó en la pintura Flores, una obra del italiano Paolo Porpora, de 350 años de antigüedad y valorada en 1.3 millones de euros. El menor le hizo un agujero del tamaño de un puño.

La selfie más cara 

En una galería de Los Ángeles, una estudiante se agachó para hacerse una selfie con una de las piezas expuestas, pero perdió el equilibrio y empujó la primera columna, causando el derribo de las siguientes 10 piezas. De acuerdo con la valuación, el costo de los daños, irreparables, fue de US$200 mil.

Destrucción de iglesia 

Los pobladores de Tlaxcala en México estaban felices con la nueva iglesia que habían construido; sin embargo, la edificación antigua y sin uso afectaba la vista de la nueva estructura. Durante la noche del 25 al 26 de julio de 2015, unas máquinas pesadas derribaron por completo las paredes de la iglesia San Pablo del Monte, una joya de la arquitectura colonial del siglo XVIII y propiedad del Registro Público de la Propiedad Federal. Ni los obispos ni las autoridades ni los vecinos saben que pasó con el templo derruido.

*Con información de El País 

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