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Juan Carlos Sagustume logra la hazaña de su vida al conquistar el salar de Uyuni

30 octubre, 2018 Mario Ramirez

El guatemalteco Juan Carlos Sagastume se convirtió en la primera persona que cruzó el desierto de sal más grande del mundo sin detenerse.

160 kilómetros fue la distancia de la travesía, la cual la completó en 28 horas y media. Sagastume comenzó el recorrido el viernes 26 de octubre a las 18:00 locales y finalizó a las 22:30 del sábado 27 de octubre.

En esta ocasión, Sagastume se enfrentaba a uno de los retos más grandes de su carrera deportiva.

Su viaje comenzó en la región de Llica y continuaría por la Isla Pescado, la isla Incahuasi hasta llegar al monumento a Dakar y así enfilarse hacia la salida del desierto en Colchani.

Es de mencionar que antes de iniciar su travesía Juan Carlos realizó un ritual personal, el cual consistió en pedir permiso al desierto para que lo dejara entrar y le permitiera llegar a su destino.

Lo anterior, por las condiciones hostiles a las que se iba a enfrentar.

“Empecé corriendo y me sentía bien, pero después de unos 40 km, aproximadamente, algo en mi cuerpo me frenaba; entonces tuve que alternar unos quilómetros corriendo y otros caminando. Así llegué a los 105 km, pero entonces mis piernas ya no respondieron. A pesar de que yo quería correr y conscientemente mi cerebro mandaba la orden, a una cuarta debajo de mi cintura se cortaba el impulso enviado y, sencillamente, ya no pude generar el ritmo de carrera y tuve que caminar el resto de la ruta. Nunca paré, avancé más despacio, pero me mantuve en marcha hasta llegar a la meta”, declaró el guatemalteco.

Luchó ante las bajas temperaturas

El atleta connacional sabía que se podía enfrentarse a bajas temperaturas, aunque durante su recorrido las condiciones fueron peores que las esperadas.

La temperatura llegó a descender hasta los -5°C durante la noche, y si bien regularmente las ráfagas de viento disminuyen pasadas las 19:30 horas, en esta ocasión acompañaron al guatemalteco hasta la madrugada.

Además, Sagastume necesitó recibir oxígeno hasta en cuatro ocasiones, ya que a 4 mil metros sobre el nivel del mar en la zona totalmente desértica llega a faltar el oxígeno.

“Me salieron ampollas, vomité ocho veces, los aparatos que llevaba el doctor para medirme la presión dejaron de funcionar, el dron y las baterías se descargaban, los cronómetros que iniciaron sincronizados se desfasaron y así, por supuesto que hubo momentos difíciles y de sufrimiento. Pero también viví un amanecer impresionante, dos puestas de sol únicas y en dos ocasiones vi salir a la luna como nunca. La vía láctea y las estrellas brillaban en plenitud. Mi más grande recompensa, la oportunidad de haber permitido que creciera mi ser interior al ir más allá de mis miedos a un lugar desconocido, pero al mismo tiempo sorprendente, y con ello mostrarle al mundo que los guatemaltecos somos grandes y podemos ser protagonistas de noticias positivas”, relató Sagastume.

Cabe mencionar que el atleta guatemalteco no estuvo solo, ya que las autoridades bolivianas solicitaron que fuera acompañado por dos vehículos.

En ellos se transportaba su equipo de apoyo, el cual le suministró hidratación, fruta, comida líquida, además de cambios de ropa y otros accesorios personales.

De esta manera Sagastume conquistó otro reto que suma a su ya impresionante carrera.

Fotos: Juan Carlos Sagastume

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