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La corrupción cobra su factura

16 marzo, 2017 Estuardo Porras Zadik

El Estado de Guatemala es un reflejo de la sociedad que hemos construido los mismos guatemaltecos.

El presidente Jimmy Morales fue electo democráticamente por la mayoría de guatemaltecos.

Podemos apelar a un voto de castigo en contra del sistema político, pero no podemos escapar de la realidad que lo que tenemos es el resultado de nuestras elecciones, ya sea por acciones o por omisiones que, para su efecto, resultan ser lo mismo. Ahora, el hombre que se presentó a sí mismo ante los guatemaltecos como “ni corrupto ni ladrón”, intenta desligarse de su responsabilidad en el trágico suceso ocurrido en el Hogar “Seguro” Virgen de la Asunción en el que decenas de niñas, de manera dantesca, perdieron la vida.

Independientemente de que el Gobierno de Jimmy Morales es en efecto heredero de un modelo concebido, operado y orquestado por la corrupción y la impunidad, su responsabilidad en este y todos los asuntos de Estado es irrenunciable; y esto, por el simple hecho de ser el “jefe de Estado”, otorgándole el beneficio de la duda en acción u omisión.

Al igual que al presidente Morales, los guatemaltecos no podemos exonerar a sus predecesores de su responsabilidad en la creación del modelo actual, ya que dicho modelo se ha gestado durante décadas. Este modelo requiere de corruptor y corrupto. El proceso es paulatino y lento, pero arrasador. El corruptor se enriquece desmesuradamente cooptando a los actores de los poderes del Estado, a través del financiamiento de partidos políticos.

Una aparente gestión ideológica no ha sido más que la puesta en marcha de un modelo de desarrollo económico celoso, excluyente y, sin lugar a dudas, dependiente de la corrupción y la impunidad. Cada gobierno ha contado con su patrocinador o, mejor dicho, con aquellos que cobran la factura cuando su caballo resulta ganador. La mayoría de estos patrocinadores se mantiene presente en cada cambio de gobierno, para garantizar que sus inversiones se mantengan a perpetuidad, debilitando cada cuatro años aún más el sistema, ya que lo corrompen, independientemente de la ideología de turno.

En este juego de poderes, sobramos los empresarios y emprendedores honestos, quienes innovamos y nos atrevemos a competir en un mercado desfigurado que tolera, y consiente a través de privilegios, a los arquitectos del modelo actual. De igual manera, intelectuales progresistas que luchan por una sociedad más incluyente, democrática y justa, se ven traicionados por líderes que viven del conflicto y manipulan a las masas con mensajes y actuaciones populistas que encienden el tan destructivo radicalismo de los más necesitados.

Estos más necesitados han sido manipulados históricamente por promesas falsas de desarrollo social, el cual de hecho, va en retroceso. Y nuestra clase media se mantiene incipiente y dividida entre una historia ideologizada y polarizadora, que no le permite ser lo suficientemente influyente.

La muerte trágica de cuarenta y dos niñas el pasado 8 de marzo se suma a las lamentables consecuencias de un Estado cooptado por las mafias.

¿Cuánta gente muere por el hambre, la falta de medicamentos y lo que es más alarmante, por falta de oportunidades en Guatemala? ¿Cuánto hemos dejado pasar como una simple estadística? Lo que hoy se pone en evidencia no es nada nuevo. De manera menos trágica, los guatemaltecos con nuestra indiferencia y tolerancia hemos permitido que el Estado sacrifique a muchos con tal de mantener a flote el modelo actual.

Espero que este tan lamentable hecho nos una para identificar, exponer y depurar a los responsables de corromper y a los corruptos que hacen posible que se pueda cooptar el Estado. Tengamos en cuenta que cada vez que corrompemos o nos dejamos corromper, aportamos para que ocurran episodios como el del Hogar “Seguro” Virgen de la Asunción.

 

 

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