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La crisis de partidos y la reforma electoral

4 abril, 2017 Samuel Perez

El Congreso en Guatemala mantiene constantemente un aura de duda y cuestionamiento en cuanto a su representatividad y su eficacia, no obstante, en los últimos años, las dudas sobre su legitimidad se agravan ante diversas capturas a exdiputados y diputados en funciones. A pesar de las demandas por la depuración, los partidos no han hecho más que lo contrario y han empezado a cerrar filas utilizando prácticas históricas. Sumado a esto, una legislación represiva con las nuevas expresiones políticas impide un recambio en las estructuras enraizadas y la única salida parece ser una amplia alianza en favor de las reformas electorales.

Los casos por lavado y política, plazas fantasmas, crímenes de guerra en el conflicto armado y conflictos con la ley en general, han conllevado a que el ente investigador abra casos y realice capturas a exdiputados y diputados en ejercicio de sus funciones por su posible implicación. Esto agrava la percepción negativa hacia el poder legislativo, pero sobre todo pone en evidencia que la oportunidad de una verdadera depuración de las estructuras tradicionales que pudo haber iniciado en las elecciones de 2015 está por cerrarse en las del 2019 si todo permanece igual.

Ante eso, los partidos no parecen comprender el mensaje. Un caso evidente, pero no exclusivo, lo marca la UNE con la reelección de Sandra Torres como secretaria general a pesar de las advertencias y la salida de dos de sus cuadros fuertes, pero también lo marcan los demás partidos tradicionales, desde VAMOS con Alejandro Giammattei, TODOS con Felipe Alejos, UNIONISTA con Alvaro Arzú Escobar, VIVA con Zury Ríos y un largo etcétera. Familias tradicionales manejando el poder en partidos tradicionales.

Entre estos cuadros hegemónicos pareciese percibirse a FCN-Nación como la excepción y como una probable regeneración de cuadros, cuando en realidad no es más que una práctica histórica que ha dado forma a la República de Guatemala. Marta Casaús Arzú plantea que desde mediados del siglo XVII, además de las alianzas entre antiguas familias de encomenderos, comerciantes y criollos, “surgen nuevas alianzas con miembros procedentes de la casta militar”. Esto lo vemos explícitamente en la dirigencia del FCN-Nación y en la Juntita.

Por otro lado, la ciudadanía tampoco parece tener una demanda homogénea para enfrentar el enclaustro de la clase dominante. Surgen propuestas que se perciben consensuadas pero que implican pequeños cambios que además no salen de la misma lógica del sistema político. Entre estas destaca la propuesta de cambio del sistema electoral por uno uninominal (votar por personas y no por partidos) o temas de reelección, que no implican necesariamente una depuración o modificaciones estructurales a la clase dominante.

Existen consideraciones que trascienden las dicotomías ideológicas y que responden más a una lógica reivindicativa de las instituciones de poder, específicamente el Congreso de la República, que van más allá de las pequeñas reformas mecánicas. Esto tiene que ver con eliminar las altas barreras de entrada de los partidos políticos. Como apartado, sirven de ejemplo los casos de PODEMOS y Ciudadanos en España, los cuales, ante la crisis, se convierten en partido en menos de medio año. Esto debe implicar una alianza de izquierdas, centros y derechas, que permita verdaderamente renovar la oferta política partidista, los actores y sobre todo nuevos métodos colectivos de liderazgo y construcción de propuestas desde las bases.

Esta alianza debiese implicar demandas por una reforma a la Ley Electoral, específicamente enfocadas en reducir las represiones de la LEPP hacia las nuevas expresiones colectivas en proceso de constitución como partidos políticos, aunque la fiscalización se mantenga alta una vez se constituyan como tales. Eliminar las barreras de entrada, que han creado verdaderos monopolios legales de poder, puede ser el primer paso para el escape ante la crisis de los partidos políticos.

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