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La guerra contra el terrorismo y Guatemala

3 noviembre, 2017 Redaccion Contrapoder

El ataque a Estados Unidos el 11 de septiembre del 2001, marcó un antes y un después en el mundo. A raíz de eso, los estadounidenses hicieron la reforma más profunda de su sistema de inteligencia desde la II Guerra Mundial. Un pilar para esa reforma fue la Ley Patriota, aprobada menos de dos meses después de los ataques mencionados.

Escrito por Reny Bake.

El objetivo de esa ley era ampliar la capacidad del Estado para combatir el terrorismo y fue criticada por diversos sectores de EE.UU., y organizaciones de derechos humanos internacionales, ya que consideraban que podía violar los derechos humanos. Y en el 2005, la ley fue reformada.

¿Por qué? Una vez pasada la indignación inicial –a raíz de los ataques, exigían “acaben a los terroristas ya”–, aquellos que promovieron la reforma de la Ley Patriota consideraban que si no se establecían límites a la guerra contra el terrorismo, podía haber abuso por parte de las autoridades.

Por ello, se buscó un balance entre apoyar la guerra al terrorismo y respetar los derechos civi- les, que son la base del sistema estadounidense y de cualquier sociedad que busca un estado de Derecho en libertad.

Esa nueva ley, denominada USA Freedom Act, puso límites a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, en inglés) y logró que sus actuaciones estuvieran apegadas a ciertas reglas y que en determinados casos, necesitasen autorización judicial. Lo que en EE.UU. se denominaría Check&Balance o “pesos y contrapesos”. Y al mismo tiempo, que las autoridades estuviesen protegidas de ser acusadas de abusos a futuro, al establecer claramente las reglas en la guerra contra el terrorismo.

En Guatemala, el caso de la Ley Patriota y luego la USA Freedom Act (así como sus cambios) debiéramos de analizarlo, ya que nuestro “11 de septiembre del 2001” fue el estallido del caso La Línea en el 2015 y peleamos una guerra en contra de la corrupción. En Estados Unidos se vio que la indignación y exigencia de resultados rápidos puede dar pie a errores, que luego se vuelven en contra de aquellos que pelean la guerra (ver caso Guantánamo). También pone en riesgo ganar la guerra, ya que los errores de las autoridades generan la pérdida del apoyo de la opinión pública.

Así que la pregunta que dejo en el aire es: ¿Cómo se combate la corrupción y se evitan excesos de las autoridades, al mismo tiempo? Hay que recordar que los abusos debilitan el estado de Derecho. Largas discusiones sobre cómo ganar la guerra y reducir el riesgo de abusos siguen dándose en EE.UU., desde el 2002, en ciertos círculos. Así que no es ningún pecado que en Guatemala se hable de ello. Si también peleamos una guerra, ¿por qué no nos cuestionamos eso?

Ya desde mucho antes de que estallase la guerra contra la corrupción eran públicas mis denuncias contra los corruptos, creo tener las credenciales para preguntar por el check and balance en esta guerra.

Los excesos no construyen el estado de Derecho ni la institucionalidad que tanto necesitamos.

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