ACTUALIDAD

La intolerancia, como cultura general

11 mayo, 2017 Carlos Menocal

La cultura de la violencia no permite que tengamos espacios de diálogo y de convivencia pacífica.

Lo ocurrido a Brenda Domínguez es un acto de barbarie bajo toda circunstancia. La joven era parte del grupo de estudiantes de la Escuela Normal de Ciencias Comerciales que protestaba tras una serie de engaños de las autoridades que no quisieron prestar la atención a sus demandas de mejoras educativas.

La muerte de Brenda y las heridas de otros diez compañeros suyos, reflejan la poca tolerancia y atención que se le tiene a la juventud. Los muchachos no pedían holgazanería sino mejoras educativas. Llevaban desde febrero demandando algo que el Estado de Guatemala les debe de dar por ley: educación pública con calidad. Pero no fueron escuchados y una vez más, hubo una vida sacrificada en esta desatención.

Lejos de atender sus peticiones, las autoridades del Ministerio de Educación han salido con una versión risible y poco creíble al argumentar que los muchachos que manifestaron en la calzada San Juan, lo hacían porque querían una excursión.

Sin embargo, en un video difundido por las redes sociales, una jovencita de ese plantel educativo, de manera coherente y atinada, explicó a la población que ellos demandaban mejor calidad educativa, la remoción de algunos docentes holgazanes y flojos, y mejoras en la infraestructura. Sin embargo, sus voces no fueron escuchadas desde hacía tres meses y tampoco fueron replicadas en los medios de comunicación.

Tras la tragedia ocurrida en la calzada San Juan, ahora se sabe que los muchachos desde hace mucho tiempo plantearon sus peticiones sin que nadie les escuchara. Según la joven denunciante en las redes, tocaron varias puertas en la supervisión departamental, en el Ministerio de Educación y en el propio establecimiento. Nadie les escuchó.

Entonces tomaron la decisión final: ocupar las calles para ser escuchados y que sus demandas cobraran espacios en los medios de comunicación. Pero la intolerancia, el arrebato y los sentimientos cavernícolas les quitaron de tajo a una de sus compañeras y su ímpetu por seguir luchando por sus legítimos derechos y que la Constitución Política de la República les garantiza.

Jabes Meda Maldonado, el principal sospechoso de haber atropellado a los estudiantes está sindicado de los delitos de asesinato, lesiones gravísimas y maltrato contra las personas menores de edad. Y es hijo de un pastor evangélico. Pero Meda Maldonado y sus actos irracionales le quitaron no solo a Brenda sino a sus compañeros, el derecho a seguir luchando por una mejora educativa, por un proceso democrático en la enseñanza y porque se aprenda y se enseñe con dignidad.

En el momento del hecho, Meda Maldonado pensó en él, en su vida, en su egocentrismo y su arrogancia pudo más que la tolerancia. Ahora, detenido tras convertirse en el hombre más buscado de Guatemala, enfrenta una realidad que él mismo construyó, un infierno en el que seguramente no quisiera estar y un rechazo social que lo acentúa más sabiendo que el joven en lugar de entregarse de inmediato a las autoridades, hizo lo posible por buscar su escape, una salida y un salvoconducto. Hoy se sabe que el joven preparó maletas y pensaba salir del país.

En el momento de su detención, mostraba una sonrisa que no solo desconcertó sino que indignó a los guatemaltecos. Daba la impresión que Meda Maldonado no tenía cargo de culpa y pensaba que al invocar a Dios iba a ser absuelto de sus responsabilidades y los cargos que le imputan.

Meda Maldonado entró a la Torre de Tribunales ciego por su ego, arrogante, tal y como lo hizo cuando protagonizó este hecho violento y confiado como cuando pensó que sí podía escapar del país sin que nadie lo notara.

¿Cuántos Medas hay en el país? Recientemente, también se publicó en redes sociales un video en donde un grupo de hombres y una mujer propinaron una paliza en pleno parque central de Quetzaltenango a una persona. En el video se observa cómo, un grupo de personas observa sin intervenir, lo que provoca indignación ante semejante acto de impunidad.

Esta cultura de intolerancia nos lleva al extremo de utilizar la violencia y a no privilegiar la discusión, el diálogo y la tolerancia. No se privilegia la cultura de la paz, porque somos una sociedad violenta y violentada como herencia del conflicto armado interno.

Comentarios

comentarios



RELACIONADOS