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La Ley de Agricultura Familiar

9 junio, 2017 Adrian Zapata

“Se trata de promover la principal fuente de alimentos del país y del mundo (70 por ciento de los producidos)…”.

Esta semana se habrá realizado el lanzamiento del Programa de Agricultura Familiar (AF) por parte del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA). El eslogan que sustenta este evento es el de “Guatemala, tierra que alimenta”. Coincidentemente, la Comisión de Agricultura, Ganadería y Pesca del Congreso de la República presentó, el pasado 11 de mayo, el dictamen favorable a la iniciativa de ley 4947, Ley de Agricultura Familiar para el Fortalecimiento de la Economía Campesina.

Son dos hechos que están relacionados, ya que –de aprobarse en el Legislativo esta iniciativa–, el Programa de Agricultura Familiar para el fortalecimiento de la Economía Campesina (PAFFEC) se convertiría en ley. Es importante señalar que el MAGA, desde el 2012 ha intentado impulsarlo. Se le concibe, de acuerdo a la Política Agropecuaria 2016/2020, como uno de los principales programas de esa cartera. El propósito es que desde el Estado se promueva la Agricultura Familiar (AF) para que pase a ser sosteniblemente excedentaria, que no continúe siendo de infra y subsistencia. Se trata de promover la principal fuente de alimentos del país y del mundo (70 por ciento de los producidos), a la cual se dedica el 61 por ciento de los hogares agropecuarios guatemaltecos, aproximadamente 800 mil familias.

Si fuéramos exitosos en este propósito, se contribuiría sustancialmente a la seguridad alimentaria y nutricional, mediante la disponibilidad de alimentos para las familias rurales, se crearía trabajo de manera significativa, los hogares campesinos tendrían ingresos al convertirse en economías excedentarias porque podrían vincularse a los mercados nacionales e internacionales y es una actividad productiva ambientalmente amigable.

A los ministerios de agricultura en el mundo, les es inherente la responsabilidad de garantizar que haya alimentos para sus respectivas poblaciones y, por consiguiente, es una prioridad apoyar a quienes los producen; o sea, a los agricultores familiares. Es tan compartida la comprensión sobre la importancia de la AF, que el 2014 fue declarado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) el Año Internacional de la Agricultura Familiar y ahora, muchos Estados impulsan que se decrete un decenio dedicado a ella.

Con el PAFFEC y la Ley de Agricultura Familiar se crearían las condiciones para que alrededor de este programa se articulen las diversas intervenciones gubernamentales (salud, educación, protección social, caminos rurales, empleo, etc.) que corresponden a la multisectorialidad que caracteriza al desarrollo rural territorial. El PAFFEC podría ser la base para DESBUROCRATIZAR la Política Nacional de Desarrollo Rural Integral (PNDRI), actualmente secuestrada por burócratas y consultores que viven de ella.

Pero para lograr este trascendental objetivo, el MAGA tiene que transformarse. Debe reconstruirse el EXTENSIONISMO, que las políticas neoliberales impulsadas por el gobierno de Alvaro Arzú destruyó. Debe también despolitizarse, evitando la manipulación que hacen de este ministerio los diputados distritales, cuando exigen que se les otorguen plazas como botín político. Es cardinal aclarar que AF no equivale al impulso de inútiles programas asistencialistas, como han sido los fertilizantes y ahora los “cupones”, –caldo de cultivo para la corrupción y el clientelismo–.

El titular del MAGA y el presidente de la Comisión de Agricultura del Legislativo deben impulsar conjuntamente el sueño campesino de contar con un Estado que ya no sea para excluirlos y reprimirlos, sino que para promover su economía, basada principalmente en la agricultura familiar. El Congreso debe aprobar esta ley lo más pronto posible.

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