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Las azuzadas declaraciones de Morales

10 marzo, 2017 Carlos Menocal

El presidente Jimmy Morales no utiliza a la inteligencia del Estado para dejarse orientar en asuntos importantes del país.

El presidente de la República necesita un equipo de confianza, un grupo de asesores serios que le orienten y analicen la coyuntura. Se trata de personas con el más alto nivel de capacidades para entender la problemática nacional e internacional. Con base en los análisis de este equipo de asesores, el mandatario toma las mejores decisiones pues también él analiza de manera individual cada acontecimiento.

En el caso de Guatemala, el mandatario Jimmy Morales hace todo lo contrario. Sus asesores le han hecho mala interpretación de la realidad y dada su arrogancia, parece no escuchar a quienes en realidad conocen y entienden la situación del país.

Apenas un ministro de Estado le habla al oído y es el de Finanzas Públicas. El resto de su gabinete de gobierno se limita a asistir a las reuniones semanales, en donde ocurre una suerte de rendición de informes. Los asuntos de la ciudadanía parecen no ser sus asuntos, pero sus asesores le han hecho creer que todo camina en el rumbo correcto, que su gobierno hará historia y le comparan con verdaderos estadistas como Juan José Arévalo Bermejo.

Sus declaraciones poco acertadas, sus puestas en escena y sus constantes desapariciones de la opinión pública, dan cuenta de que quienes le hablan al oído le han dicho que es mejor mantener la distancia entre el presidente, la prensa, la opinión pública y la ciudadanía.

La última de sus desafortunadas intervenciones públicas ocurrió cuando dijo que había “rumores bien fundamentados sobre intentos de golpe de Estado”, en contra de su gobierno.

En su calidad de presidente, no se puede dar el lujo de divulgar públicamente un rumor porque al final era solo eso, un rumor. Posteriormente, ordenó a sus ministros no hablar porque se trataba de un asunto de seguridad nacional.

Pocos días después de esas declaraciones, sus propios secretarios, ministros de Estado, los hombres encargados de la seguridad, la inteligencia y la protección de la soberanía, dijeron bajo juramento en el Congreso que no tenían información ni indicios sobre los “rumores” a los que Jimmy Morales hizo alusión. Si la comunidad de inteligencia estatal no fue quien le dio esa información, entonces, ¿quién lo hizo?

El presidente Morales puso en una situación incómoda a sus ministros, pues al recibir ese rumor de golpe de Estado, debió corroborarlo con su sistema de inteligencia. Sin embargo, no lo hizo y cayó en ligereza al hacer pública una información que nadie en el Estado respaldó. Dadas sus ligerezas, los temas sustantivos del país reciben ese mismo trato.

En este momento sus asuntos personales, en particular la situación judicial de su hijo y su hermano, lo tienen preocupado y molesto ante el sistema de justicia. Por eso le cuesta decir públicamente que respalda el trabajo de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemaña (CICIG) y solidarizarse con el comisionado Iván Velásquez. “Ni a mi hijo he defendido, menos voy a defender a otra persona”, ha dicho ofuscado.

De su gobierno, de su partido conservador, plagado de militares sospechosos de haber cometido violaciones a los derechos humanos durante el conflicto armado interno y de su bancada oficial, no se ha escuchado palabra alguna de respaldo al Ministerio Público y a la CICIG, menos a Iván Velásquez.

El vicepresidente Jafeth Cabrera camina con la misma suerte. Tampoco se ha pronunciado o se ha solidarizado con Velásquez. Y no lo hará, menos ahora que la Fiscal General ha dicho en una entrevista de un medio internacional que analizan la investigación en contra del hijo de Cabrera.

Ambos parecieran estar de acuerdo con la ofensiva orquestada por distintos sectores en su afán por desacreditar al comisionado Velásquez, que incluye la traída del expresidente de Colombia, Álvaro Uribe, declaraciones de parlamentarios de ese país y ataques en redes sociales, perfiles falsos y extranjeros que opinan en contra de la CICIG.

Tenemos un mandatario ausente de la realidad nacional, que duerme con un ojo abierto pensando en los fantasmas de los golpes de Estado que tanto daño hicieron a la democracia de Guatemala.

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