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La ansiedad también afecta el apetito de los niños

26 agosto, 2017 Redaccion Canal Antigua

Mucho son los factores que afectan nuestros cambios de peso, no solamente la cantidad de comida que ingerimos. Por ejemplo, la ansiedad está muy relacionada con nuestros hábitos alimenticios.

A veces las personas no entienden los cambios en su apetito y como consecuencia en su peso. La sicóloga Fabiola Cuevas señala que señala que es importante descubrir cuál es la razón por la pérdida o aumento de las ganas de comer. Una posible razón es la ansiedad.

La experta señala que “la ansiedad normalmente viene acompañada de un aumento o disminución en nuestro apetito; el origen es emocional”. Cuevas explica que la regulación de tus emociones está en el mismo lugar del cerebro: el hipotálamo.

Más común de lo que se cree

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Jocelyn Lebow, psiquiatra de la Mayo Clinic en Rochester, Minnesota Estados Unidos, señala que hay padres que consultan incluso por sus hijos pequeños acerca de la relación de la ansiedad y la comida.

“La ansiedad y los problemas alimentarios suelen ir de la mano y los síntomas tienden a reforzarse unos a otros“, señala. Recomienda que tanto niños como adultos se sometan a una evaluación clínica para valorar la situación.

La experta añade que la ansiedad está compuesta en gran parte por excesiva preocupación y miedo. “Esa preocupación y ese miedo pueden provocar síntomas físicos, tales como cansancio, irritabilidad y problemas para dormir. En los niños, la ansiedad también suele causar malestares estomacales, lo cual puede derivar en falta de apetito y reducción de la cantidad que el niño come.

Un riesgo para la salud

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Cuando la baja ingesta alimentaria conduce con el tiempo a bajo peso o imposibilidad de ganar el peso necesario para el sano crecimiento y desarrollo del niño, la situación puede tornarse peligrosa.

Además, un bajo peso corporal y una ingesta alimentaria insuficiente pueden empeorar los síntomas de ansiedad. “Cuando un niño ansioso siempre ha pesado poco significa que corre aún más riesgo de caer por debajo de la curva de crecimiento y de que su ingesta se convierta en un factor de su salud mental”, explica la siquiatra.

Los estudios han demostrado que incluso cuando la pérdida de peso o la restricción alimentaria empiezan por otro motivo diferente a un problema con la imagen corporal, toda persona puede desarrollar un trastorno alimentario al perder una gran cantidad de peso.

Un solución para los más pequeños

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Cuando un niño no come bien o está bajo de peso, los tratamientos para la ansiedad y otros trastornos del ánimo son menos eficaces de lo normal, incluido la terapia y los medicamentos. “Por lo tanto, antes de tratar la ansiedad o la depresión, es preciso lidiar con los problemas alimentarios de manera clara e integral, aunque estos no parezcan ser el problema principal”, señala Lebow.

La profesional recomienda que cuando los hábitos alimentarios y la ansiedad parecen entrelazarse, lo mejor para recibir una valoración integral es trabajar con un profesional de la salud mental especializado en trastornos alimentarios.

Las investigaciones indican que la aplicación de un tipo de terapia ambulatoria llamada “terapia familiar” (FBT, por sus siglas en inglés), o método de Maudsley, es eficaz para los niños con trastornos alimentarios.

“Lo bueno aquí es la vinculación entre resultados positivos con la pronta intervención en los trastornos alimentarios de la infancia, y los niños más pequeños responden bien al tratamiento”, concluye Lebow.

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