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Mira hacia adentro, observa lo que el estrés causa en tu cuerpo

17 septiembre, 2017 Redaccion Canal Antigua

Es algo que nos ha pasado a todos como parte de los altibajos emocionales de la vida, e incluso puede ser beneficioso; pero, ¿te has preguntado qué experimenta tu cuerpo cuando te estresas? Aquí examinamos esta pregunta.

Sus orígenes

El estrés tiene diferentes puntos de origen, puede surgir de nuestro entorno, cuerpo o de los propios pensamientos. Algo natural que viene en épocas de decisiones o de hacerle frente a situaciones complejas.

Desde el inicio, al ser sometido a presión, nuestro sistema nervioso ordena al cuerpo para que libere hormonas del estrés, como adrenalina y cortisol, lo cual prepara al organismo para prepararse frente a la amenaza que se cierne contra nosotros. Como una fiebre común, que lucha contra las bacterias, es una especie de “respuesta del estrés”.

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En “dosis menores” o en episodios cortos, el estrés puede ser hasta beneficioso, pues nos ayuda a estar alerta y centrados en las tareas que efectuamos. Luego se recupera el equilibrio y estamos tranquilos otra vez. Los problemas surgen cuando estos síntomas ocurren a menudo o duran demasiado, sin que podamos manejarlos. El sistema nervioso se activa de forma constante y el organismo se desgasta.

Los principales afectados

Otra parte del cuerpo que sufre por el estrés, es el sistema respiratorio, pues el esfuerzo por aspirar es más costoso, al intentar llevar cuanto antes sangre con suficiente oxígeno al cuerpo. Para los asmáticos esto supone algo serio, al experimentar pérdida de aliento. Puede provocar además que la respiración se acelere y sea superficial; como resultado el aire aspirado es mínimo provocando una hiperventilación. Proceso que puede ser más recurrente si la persona padece de ansiedad o ataques de pánico.

El cortisol liberado en el organismo, como reacción del cuerpo al estrés, provoca que el sistema inmunitario y las vías inflamatorias se inhiban, lo cual nos hace más vulnerables a las infecciones.

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Otra reacción es que los músculos se tensan, al protegernos de las heridas y del dolor, proceso que puede provocar molestias y dolores en el cuerpo; si se enfoca en el cuello, cabeza y hombros, el resultado son las migrañas o cefaleas por la tensión.

En el área cardiovascular, si el estrés es agudo, la presión sanguínea y la frecuencia cardíaca suben de forma constante y por mucho tiempo, lo cual puede dañar las arterias y venas. El resultado lógico es el riesgo de sufrir hipertensión, ataques al corazón e infartos.

Y no es sorpresa que el sistema endocrino, responsable de la regulación del estado de ánimo, crecimiento y el desarrollo, metabolismo y función de los tejidos, entre otros, se vea afectado. El riesgo sufrir diabetes se incrementa, pues cuando las señales del hipotálamo provocan la liberación de cortisol y epinefrina, el hígado produce azúcar sanguíneo, o glucosa, para tener energía extra que nos permita enfrentar la amenaza.

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Otros efectos, son el riesgo de experimentar ardor de estómago, reflujo ácido, y la capacidad del intestino de absorber los nutrientes de lo que comemos se puede reducir, lo que provocaría dolor de estómago, hinchazón, náuseas, diarrea o estreñimiento.

En el área reproductiva de los hombres, el estrés crónico puede afectar la producción de testosterona y esperma; disfunción eréctil o impotencia. En las mujeres, cambios en el ciclo menstrual y más síntomas premenstruales.

La mente

Uno de los aspectos que más padecemos, es el bienestar emocional. Los altibajos emocionales son más profundos, cansados, cambios de humor mucho más frecuentes. Podríamos tener hiperexcitación, al no poder dormir bien y padecer de insomnio. La concentración, atención, aprendizaje y memoria, se ven afectadas. Incluso, algunos académicos relacionan la falta de sueño con la depresión e obesidad.

Si reaccionamos mal frente al estrés, nos llevaría a fumar, beber alcohol o tomar drogas con el objetivo de aliviar sus síntomas. Maneras inadecuadas de adaptarse que solo traen más problemas para la salud.

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La solución es aprender a manejarlo o mantenerlo bajo control. Como se dijo líneas atrás, es normal y en pequeñas dosis, ayuda a estar motivados. El truco es canalizar esa energía de forma que nos ayuda a lograr mejores resultados en nuestras actividades diarias.

*Con información de El País.

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