ACTUALIDAD

Necesitamos reglas estables

14 julio, 2017 UFM Markets Trends

Escrito por Daniel Fernández.

El cese de operaciones de la mina San Rafael, es un episodio más del drama que evita que Guatemala tome el sendero del crecimiento económico.

La teoría económica es muy clara al respecto: mayores tasas de capitalización llevan a mayor productividad del trabajo, lo cual conduce a salarios más altos. Pero para que exista más capital, deben existir reglas estables que protejan la propiedad privada.

El propósito de este artículo es explicar económicamente el sentido de explotación que sienten los que, por regla general, más se benefician de la inversión.  Las inversiones, en áreas atrasadas (sí, las áreas pobres son atrasadas) de Guatemala son vistas con malos ojos por los pobladores del lugar. No importa si son empresas internacionales o capitalinas. Además, se tiene la visión de que los beneficios de la inversión se reparten de forma injusta. Existen dos motivos que explican este sentimiento de explotación:

Monopsonio de demanda de trabajo

Un monopsonio es un “monopolio de demanda”. Los inversionistas foráneos tendrían una especie de poder para fijar salarios muy por debajo del mínimo aceptable, ya que ellos controlan la demanda de trabajo en el área objeto de inversión. El problema de esta teoría es que no toma en cuenta que, en caso de existir ese monopsonio, el mismo se ve debilitado por la introducción de inversión externa.

Esta compite por las fuentes de trabajo, con los demandantes de trabajo ya establecidos en el lugar. Si los empleados tenían antes  una sola opción, ahora tienen dos. Si las nuevas empresas necesitan mano de obra, tienen que competir con la demanda de trabajo local y solo pueden “ganar” en su competencia, si ofrecen salarios más altos.

Más grave aún es considerar el caso donde los trabajadores no tenían ninguna opción más que el precario autoempleo (que usualmente conlleva agricultura de subsistencia). En este caso, la inversión extranjera proporciona la única vía de escape a la pobreza.

El apego precapitalista a la tierra   

Las culturas precapitalistas (pobres) tienen un apego especial a la tierra. Este apego es lógico, si consideramos que cuando la industrialización aún no había aparecido, la tierra era la única fuente de renta y riqueza.

Ahora bien, la tierra –para alcanzar su máximo rendimiento y valor como factor de producción–, necesita el complemento de otros tipos de capital. De nada vale tener mucha tierra, si no existen medios de transporte, maquinaria o conocimiento para extraer el máximo rendimiento de la misma.

Es aquí donde se desvanecen todas las paradojas entre países pobres, pero ricos en recursos naturales. Sin capital complementario, los recursos naturales no valen nada. Si queremos que los países ricos en recursos naturales sean realmente ricos, es necesario que atraigan inversión complementaria.

Aumento de valor de las tierras y sentimiento de explotación

Siempre que un recurso se desvía de un uso a otro más rentable, existe una ganancia de capital, igual a la diferencia en el ingreso futuro, entre el uso menos rentable y el más rentable.

Las empresas compran la tierra a los pueblos indígenas al precio actual; es decir, al precio de los servicios que actualmente proporciona dicha tierra (usualmente bajo, ya que la ausencia de capital complementario hace que su rendimiento sea inferior).

La incorporación de dicha tierra a un esquema productivo más amplio y rentable, hace que los servicios que proporciona aumenten de valor y por ende, el precio de la tierra se dispare. Esas ganancias de capital se van a los actuales dueños de los recursos. El reparto de esas ganancias, en forma de dividendos y bonus, suele ser lo que provoca las acusaciones de colonialismo e injusto reparto de beneficios de la inversión.

Parece que los dueños originarios, unidos de una forma mística a la tierra, son desprovistos de ella cuando más rendimientos proporciona. Sin embargo, de no haber existido inversión, nunca habría aumentado su precio. Los pobladores originarios, ahora contratados por un salario superior al de antes, seguirían siendo pobres y dueños de un pedazo de tierra que no vale nada.

Comentarios

comentarios



RELACIONADOS