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¡No más invasiones!

20 abril, 2017 Carroll Rios

Para sacar adelante a los países empobrecidos, es preciso hacer valer los derechos de propiedad privada.

Los socialistas achacan todo mal a estructuras capitalistas de dominio. Al abolir la propiedad privada, prometen, terminará la opresión y la pobreza. Los intervencionistas promueven la redistribución; ofrecen nivelar el ingreso, quitándoles a unos para darles a otros. Tanto los socialistas como los intervencionistas, asumen que cualquier defensa de los derechos de propiedad sirve a los intereses de una minoría privilegiada. ¿Acaso son propietarios los pobres?

Debieran serlo, afirma Lorenzo Montanari, el director de la Alianza por los Derechos de Propiedad (PRA), una organización estadounidense que, durante diez años, ha publicado anualmente el Índice Internacional de los Derechos de Propiedad (IPRI). En una entrevista, Montanari afirma que “los países con una fuerte protección de los derechos de propiedad también son los países con un mayor nivel de Producto Interno Bruto (PIB) per cápita”. En el 2016, los primeros diez países en el IPRI fueron Finlandia, Nueva Zelanda, Luxemburgo, Noruega, Suiza, Singapur, Suecia, Japón, Holanda y Canadá. Con la excepción de Japón, todos ellos están catalogados como países económicamente libres por el Índice de Libertad Económica del 2017, publicado por Heritage Foundation y The Wall Street Journal.

En Guatemala, podemos mejorar enormemente la definición y la protección de la propiedad privada. El punteo de nuestro país en el IPRI es de 4.6 sobre 10, comparado con el de Finlandia de 8.4. Guatemala ocupó la posición 87 –de los 128 países incluidos en el estudio–, y el puesto 14, a nivel regional. Fallamos porque el ambiente político y legal ofrece condiciones precarias: el Organismo Judicial carece de independencia, la inestabilidad política es grande y nos cuesta controlar la corrupción. Adicionalmente, es difícil hacer valer nuestro derecho frente a abusos. La nota más baja del país, según esta medición, es en Estado de Derecho. La arbitrariedad en la toma de decisiones por los funcionarios públicos, genera incertidumbre e injusticias.

Hernando de Soto, autor de El misterio del capital, sentencia que “los países con derechos de propiedad débiles también luchan por desarrollar mercados económicos fuertes e innovadores”. Frente a mercados globalizados, hacemos mal, si no actuamos para fortalecer los derechos de propiedad. En los años noventa, el Instituto Libertad y Democracia de De Soto aconsejó al Gobierno peruano y se aprobaron alrededor de 90 leyes a favor de la propiedad. El Gobierno brindó mayor acceso legal a títulos de tierras, de bienes raíces y de patentes y reforzó su protección. Pasaron al mercado formal más de 389 mil pequeñas y medianas empresas, que generan millones de empleos. Solo con un título sobre la casa o la empresa se accede a créditos bancarios formales, lo cual permite a las personas invertir en pequeños emprendimientos o expandir su negocio.

El derecho de propiedad es un derecho humano tan importante como el derecho a la vida y a la libertad. “La ausencia o inseguridad en los derechos de propiedad es una causa central y frecuente de la pobreza, y no solo en los Estados más pobres, sino también en países con ingreso medio”, leemos en un estudio publicado por el Centro Mercatus. En muchos países, las mujeres, los indígenas y los habitantes de barrios urbanos marginales tienden a carecer de propiedad.

Invadir hogares, fábricas y fincas, y destruir cosechas y maquinaria ajenas, claramente daña no solo a los dueños de estos bienes, sino también a quienes cometen dichos actos vandálicos, pues ellos son también propietarios en potencia. Innovar, crear, producir y crecer: busquemos estos resultados defendiendo a rajatabla la propiedad privada para todos los guatemaltecos, sin excepción.

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