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La mente humana y el proceso evolutivo de las ideas

31 octubre, 2017 Redaccion Canal Antigua

¿Qué tienen en común las «fake news», los netcenters, la percepción pública del cambio climático y el Nobel de Economía de 2017? Evidencian cómo funciona la mente humana y nuestra toma de decisiones.

Se ha debatido cuántas de nuestras decisiones son producto del raciocinio y de la autodeterminación. Hay quienes sostienen que nuestras acciones están escritas en nuestra genética y responderemos al ambiente de manera estereotipada y nuestra conciencia es producto de la complejidad de nuestras redes neuronales; mientras, hay otros que piensan que la razón humana nos brinda la autodeterminación absoluta. Sin embargo, hay evidencia que apunta a que la mente e incluso la conciencia colectiva funciona como un sistema biológico que responde a impulsos externos y la aceptación/replicación de ideas corresponde a un sistema de selección como el que sufren los genes, según sostiene Dawkins y su teoría de la memética.

Una idea pasa por un filtro de selección en nuestras mentes. Si esta idea conlleva beneficios, o tiene asociada una consecuencia negativa en caso de no acoplarla al acervo, esta idea es asimilada y replicada. Lo mismo sucede con un gen exitoso en una población. Esto explica la propagación de la idea de una religión que nos provee eterna salvación si nos alineamos, o condena eterna al negarla. Lo mismo sucede con otras ideas que se lanzan a la opinión pública y existen sectores que han sabido reconocer y explotar esto, incluso en nuestra contra.

Los netcenters, los «fake news», el control de medios de comunicación son formas de desplazar la opinión pública a través de asociaciones positivas o consecuencias negativas. Se cree que Hillary Clinton perdió las elecciones por la viralización de noticias falsas en a través de operadores en redes sociales, auspiciados por Rusia. Sólo necesitaron precursores susceptibles y noticias que cumplieran con el criterio de replicabilidad que nuestras mentes buscan. Factores similares como la cobertura de medios volcada a voceros escépticos, prioridad a otras problemáticas y la divulgación de información aparentemente confiable pero contraria a la ciencia de cambio climático, ha desplazado la opinión pública hacia un creciente escepticismo y despreocupación. Capstick y co. (2014) exploran estos fenómenos que desplazan la percepción de la problemática de cambio climático y nos encontramos con ideas que resuenan con los postulados de las Finanzas Conductuales («Behavioral Finances»), campo que le dio a Richard Thaler el Nobel de Economía al exponer cómo algunas subjetividades psicológicas causan fallas en los mercados.

La conclusión central es que una idea no debe ser veraz, eficiente o racional para adoptarla. Debe ser únicamente atractiva… o atemorizante. ¿Cuántas veces se nos asusta con el petate del muerto, con el fantasma del comunismo, con el infierno? Son sólo formas de coactar la opinión pública. El pensamiento crítico y la confianza en la ciencia deben fomentarse y ejercerse más que nunca para poder contrarrestar estos métodos de coacción colectiva.

*Con información de Sergio González

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