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“Políticas del fiasco”

Política
12 febrero, 2018 Federico Cruz

La degradación política a la que asistimos en la actualidad no es fruto de la casualidad. Responde al arraigo de una ideología económica que ha propiciado la degeneración y la desvalorización de los pilares fundacionales de la sociedad emergida a partir de la caída del Muro de Berlín. Una crisis sistémica producto de una mutación del capitalismo que coloniza y reconfigura todos los ámbitos de la vida pública y privada de los ciudadanos. El neoliberalismo o el fetiche de la individualización que busca eliminar y condena al ostracismo a cualquier forma de justicia social y a todo lo que se relacione con el Estado y el bien común.

En ese contexto de frenesí consumista y de amor por el dinero es que surgen los autómatas, también conocidos como millenials. Individuos que consideran que los problemas sociales y las decisiones políticas han de conjurarse rápido, desde una perspectiva superficial y a fuerza de mostrar una actitud positiva ante los desafíos que depara la cotidianidad. Todo a la sazón de un hedonismo que sólo demanda derechos y descarta responsabilidades. Son sujetos que se relacionan entre sí a base de impulsos (mensajes de Twitter): pulsiones que van tras el goce permanente y total. Y lo más peligroso, dedican toda su energía a apartarse de la realidad social de su entorno, anulando así cualquier posibilidad de empatía y sentido de la responsabilidad con los otros miembros de su comunidad. Esa desconexión es fuente de violencia y marginación.

Paralelo al dictamen de las condiciones impuestas por la modernidad, en Guatemala, la geopolítica y los intensos flujos migratorios (con todo lo que ello implica) exacerban las contradicciones generando escenarios de difícil gestión. Es en estas circunstancias que surgen los liderazgos contemporáneos: los Jimmys, los Fabricios y los Trumps. Liderazgos que un sector de la sociedad no reconoce como suyos y que no se consigue explicar cómo surgen y en qué momento consiguen exponencializar sus adeptos. No es solo el desgaste de la “vieja política”, que a veces tanto se parece a la nueva, sino las características que determinan la racionalidad de las nuevas generaciones. El quid de la cuestión ha de buscarse allí fundamentalmente.

Mientras no nos molestemos o nos neguemos a identificar las raíces de nuestros problemas y nos mantengamos instalados en el ahistoricismo, promovido con bombos y platillos por las hordas neoliberales, creyendo que la aplicación de fórmulas expeditas,  que no demandan cesiones ni la necesidad de escuchar y dialogar con el otro, nos van a resolver históricos y desatendidos problemas, mientras sigamos pensando que por vía de la criminalización y la militarización menguarán las reivindicaciones de los pueblos indígenas, mientras insistamos en recurrir a la trampa, a la imposición y al abuso y no queramos asumir nuestras responsabilidades, seguirán proliferando cómicos, ingenieros, médicos, abogados, economistas y toda laya de profesionales expertos en perpetuar este espiral de fiascos y frustraciones llamado Guatemala.

Por: Federico Plus

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